Una psicóloga clínica en formación, Katerine Trujillo Herrera, estudiante de Maestría en Terapias de Tercera Generación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), denunció públicamente un acto de presunto maltrato infantil ocurrido en un centro de atención psicológica para niños, niñas y adolescentes en Cali, Valle del Cauca. Según su testimonio, un menor de apenas cinco años fue amarrado a una silla con un chaleco alrededor del torso que le impedía moverse, como castigo por haber derramado su plato de comida. La denunciante documentó el hecho en video y señaló que el niño permaneció inmovilizado durante aproximadamente 40 minutos, mientras al menos dos integrantes del personal del centro normalizaban la situación.
La psicóloga, quien realizaba su práctica profesional en el marco de su maestría, aseguró que presenció esta misma práctica en dos oportunidades. En la primera visita, el menor le confesó entre lágrimas: “Porque rompí el platico y regué la comida”, al ser preguntado por qué estaba sentado en esa silla. La segunda ocasión, Trujillo Herrera acudió expresamente para corroborar si el método era recurrente. “En las dos oportunidades que fui, presencié la misma situación. La segunda asistí justamente para corroborar si esto se repetía o si era un método usual”, declaró al diario El Tiempo. La reacción de una cuidadora ante sus cuestionamientos, según el relato, fue: “No se preocupe, igual el niño no dura muchas horas sentado ahí. Es para que aprenda a valorar la comida”.
Denuncia ante el ICBF y reacción institucional
Trujillo Herrera interpuso la denuncia formal ante el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), regional Valle del Cauca, con el número de radicación único. La entidad inició procesos de verificación e investigación administrativa para establecer si hubo vulneración de derechos y definir las sanciones correspondientes. La psicóloga explicó que recurrió a la grabación del video ante la lentitud de las instituciones para reaccionar tras su denuncia previa. “No me corresponde determinar si existió una vulneración; eso debe establecerlo la autoridad competente. Pero sí considero importante que los padres conozcan y pregunten cómo se manejan las conductas difíciles en los lugares donde llevan a sus hijos”, afirmó en una entrevista.
“La semana pasada, durante mi práctica profesional – maestría- en un centro de atención psicológico para niños, niñas y adolescentes en la ciudad de Cali, presencié situaciones que me generaron una profunda tristeza”.
Katerine Trujillo Herrera, psicóloga clínica en formación
Tras la difusión del video en sus redes sociales, la propietaria del establecimiento se comunicó con la denunciante, afirmó desconocer lo ocurrido y dijo que apartaría al personal involucrado. Sin embargo, cuando Trujillo Herrera regresó al lugar acompañada de la Policía de Infancia y Adolescencia, los responsables cambiaron su versión: aseguraron que los padres avalaban ese tipo de prácticas e intentaron responsabilizarla por la exposición del caso. La psicóloga también observó otro método preocupante aplicado a un menor que permanecía con toda la ropa mojada sentado en una silla, lo que calificó como un método de regulación que la licenciada a cargo realizaba bajo estrés elevado.
Reacción de la universidad y el padre del menor
La Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) suspendió temporalmente las prácticas profesionales de Trujillo Herrera mientras se esclarecen los hechos, aunque prevé reubicarla en otro centro de atención. La denunciante manifestó no haber recibido suficiente apoyo frente a su situación. Por otro lado, el padre del menor se comunicó con ella a través de sus abogados, manifestando su molestia por la exposición en redes. “Me comuniqué con el padre del menor para ponerme a su disposición y su respuesta fue amedrentarme diciendo que sus abogados se comunicarían conmigo. Le expresé mi sorpresa de que le preocupara más la exposición en redes que la vulneración de los derechos de su propio hijo”, relató la psicóloga a El Tiempo.
“Que un niño sea neurodivergente no significa que deba ser sometido a prácticas de contención como forma de castigo o corrección. Los niños necesitan límites, pero también regulación emocional, acompañamiento, comprensión y respeto”.
Katerine Trujillo Herrera, mensaje en Instagram
El caso ha generado un intenso debate en torno a los límites de las prácticas de contención física en el manejo de conductas infantiles, especialmente cuando se utilizan como castigo. Mientras el ICBF adelanta su investigación, la denunciante espera que su acción contribuya a que padres y cuidadores exijan mayor transparencia y profesionalismo en los centros que atienden a sus hijos. La psicóloga insiste en que su objetivo no es señalar culpables, sino visibilizar una realidad que, según ella, muchos niños podrían estar viviendo en silencio.










