En una jornada clave para la economía nacional, la Junta Directiva del Banco de la República decidió elevar la tasa de política monetaria a 12,25% el pasado 30 de septiembre, con el objetivo de contener una inflación que continúa muy por encima de la meta de largo plazo del 3%. La decisión, que representó un incremento de 0,25 puntos porcentuales frente al 12% vigente, no fue unánime: cuatro de los siete integrantes votaron a favor del alza, dos optaron por mantener la tasa sin cambios y uno propuso un ajuste más agresivo de 0,50 puntos. Con este movimiento, el Banco Central completa un incremento acumulado de tres puntos porcentuales en nueve meses, pues la tasa cerró diciembre de 2025 en 9,25% y ha venido escalando desde entonces hasta alcanzar los niveles actuales.
El encarecimiento del dinero busca moderar el consumo, la inversión y la demanda agregada para presionar a la baja una inflación que, según las cifras más recientes, sigue mostrando un comportamiento persistente. Las expectativas de los analistas para diciembre de 2026 se ubican en 6,8%, una cifra que duplica la meta del emisor, mientras que por componentes los servicios registran una variación anual de 7,2%, los regulados de 6,8% y los alimentos de 6,1%. Esta brecha entre la realidad inflacionaria y el objetivo constitucional del Banco de la República explica la postura restrictiva adoptada por la mayoría de la Junta, en un contexto donde el Índice de Seguimiento de la Economía de julio apenas creció 1,1% anual y la industria manufacturera reportó caídas, lo que evidencia la fragilidad del crecimiento económico.
Transmisión gradual al bolsillo de los colombianos
El impacto de esta medida no se traduce en un aumento inmediato de todos los préstamos. Según explicó la docente Claudia Ximena Flores Rosas, de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, la decisión modifica el entorno financiero y puede influir gradualmente sobre las tasas de mercado, las decisiones de consumo, la inversión y el acceso al financiamiento. En un contexto en el que la inflación continúa significativamente por encima de la meta de largo plazo del 3%, entender cómo funciona esta transmisión resulta fundamental para dimensionar el impacto de la medida sobre el bolsillo de los colombianos. La efectividad del canal de transmisión depende de factores como el tipo de producto, el plazo, el perfil de riesgo del cliente, la liquidez de cada entidad y las políticas comerciales adoptadas por los bancos.
«Las decisiones del Banco Central tienen un impacto directo en el bolsillo de los ciudadanos y en la dinámica empresarial».
Mauricio Sabogal, decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Corporación Universitaria Iberoamericana (Ibero)
Investigaciones del propio Banco de la República indican que los movimientos de la tasa oficial se trasladan de manera más rápida a los créditos comerciales que a algunos préstamos dirigidos a los hogares. Los créditos hipotecarios mantienen una tasa de interés fija por normativa, mientras que los préstamos en UVR varían únicamente por la actualización de esa unidad de valor, no por el ajuste de la política monetaria. En el caso de las tarjetas de crédito, las condiciones pueden diferir según el producto, el tipo de operación y las políticas internas de cada entidad financiera. Pese a estos matices, el encarecimiento del crédito ya se refleja en los indicadores del sistema: la Superintendencia Financiera fijó el Interés Bancario Corriente para consumo y crédito ordinario en octubre en 19,06% efectivo anual, apenas inferior al 19,49% de septiembre, mientras que el límite de usura se ubicó en 28,59% efectivo anual, con información de créditos otorgados antes de la decisión del emisor.
Efectos sobre empresas y recomendaciones para los hogares
El contexto de tasas altas supone un desafío particular para las pequeñas y medianas empresas, que suelen tener menos alternativas de financiación y ven afectados sus planes de expansión, modernización y contratación de personal. Para los hogares, los expertos recomiendan priorizar el pago de obligaciones con tasas más elevadas, evaluar con cautela la necesidad de adquirir nuevas deudas y considerar alternativas de ahorro de bajo riesgo, como los CDT a un año, que ofrecen rendimientos atractivos en el escenario actual. Antes de utilizar tarjetas de crédito o solicitar cualquier tipo de financiación, se aconseja comparar la tasa efectiva anual, el número de cuotas, los seguros asociados, las comisiones y el costo total del crédito, herramientas indispensables para tomar decisiones financieras informadas en un entorno de política monetaria restrictiva que, de acuerdo con las proyecciones, podría mantener los costos de endeudamiento elevados durante los próximos meses.










