La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) lanzó una contundente advertencia este lunes 5 de octubre: los altos niveles en los embalses que abastecen a Bogotá y a los municipios de Cundinamarca no son garantía de seguridad hídrica, y el riesgo de desabastecimiento sigue latente ante la inminente intensificación del fenómeno de El Niño, que podría extender la sequía hasta mediados de 2027. Alfred Ignacio Ballesteros, director de la CAR, fue tajante al señalar que “en el papel hay solvencia hídrica, pero el agua no es infinita”, y subrayó que no existe espacio para la confianza: “Relajarnos ante la amenaza de una supersequía sería un error crítico”. La entidad, que monitorea a 35 municipios en crisis hídrica, mantiene la alerta en seis localidades en rojo, siete en naranja y dieciséis en amarillo, con calamidad pública declarada en Puerto Salgar y Viotá.
Los datos al corte del 30 de septiembre muestran que el sistema Chingaza, principal reserva de agua para la capital, se encuentra al 94% de su capacidad; el Agregado Sur alcanzó el 101%, y los embalses de Neusa y Sisga, que conforman el Agregado Norte, superan el 85%. Sin embargo, Ballesteros insistió en que estas cifras no deben generar una falsa sensación de abundancia: “Mientras medio país ya padece estrés hídrico, sería irresponsable vender una ilusión de abundancia inagotable en el centro del país”. El director recordó que los embalses de Chuza, San Rafael, Chisacá y La Regadera mostraron aumentos en septiembre, pero Neusa, Sisga y El Hato registraron descensos puntuales desde la segunda mitad del mes, lo que evidencia que la situación es dinámica y que el agua almacenada no es infinita si las lluvias no acompañan.
Déficit crítico de lluvias en seis cuencas del departamento
La preocupación de la CAR se fundamenta en el preocupante comportamiento de las precipitaciones durante septiembre. En la cuenca del río Negro, las lluvias apenas alcanzaron el 2% del promedio histórico, mientras que en la cuenca alta del río Bogotá se registraron 33,1 milímetros frente a los 53,7 milímetros esperados, lo que representa un déficit del 61,6%. La cuenca media del río Bogotá, por su parte, solo recibió el 79,6% de su promedio habitual. Estas cifras, sumadas al pronóstico del Ideam que prevé un aumento progresivo de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial, indican que la reducción de lluvias no solo continuará, sino que se intensificará hacia el cierre de 2026, extendiendo la sequía hasta bien entrado 2027. Provincias como Rionegro y Sumapaz, que no cuentan con represas de almacenamiento y dependen directamente de las lluvias y la escorrentía, ya evidencian descensos en los niveles de ríos y quebradas, lo que anticipa una situación crítica para sus comunidades.
“En el papel hay solvencia hídrica, pero el agua no es infinita. No hay espacio para la confianza. Relajarnos ante la amenaza de una supersequía sería un error crítico”.
Alfred Ignacio Ballesteros, director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR)
Ante este panorama, la CAR ha reforzado los controles para detectar captaciones ilegales de agua y ha emprendido una revisión exhaustiva de las concesiones otorgadas, con el propósito de priorizar el consumo humano sobre otros usos. Asimismo, la entidad ejecuta la compra de predios y esquemas de pago por servicios ambientales en alianza con comunidades campesinas, con el fin de recuperar microcuencas en las zonas más vulnerables del departamento. Municipios como Mosquera, Madrid y Funza ya complementan su suministro con pozos subterráneos ante la escasez superficial, una señal de que la crisis no espera y que las medidas preventivas deben acelerarse. La advertencia de la CAR es clara: mientras los embalses muestran cifras de relativa holgura, la amenaza de una supersequía está latente, y subestimar el fenómeno de El Niño sería un error con consecuencias imprevisibles para el centro del país.










