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El Once: ¿Qué pasó?

Por ESTEBAN JARAMILLO O.

Atrás quedó el equipo elogiado por la tribuna y los analistas.

Ese Once que acariciaba la pelota, abría la cancha con extremos punzantes, cambiaba de frente con precisión y asfixiaba en transiciones verticales.

De aquel fútbol vistoso que sedujo en la Copa Sudamericana y el torneo local, queda poco. El talento natural se extinguió, semana a semana, mes tras mes.

El Once actual es un manojo de nervios: impreciso, errático, atrapado en gambetas inútiles, con boquetes defensivos alarmantes.

Los mismos rostros, con fútbol irreconocible. La plantilla entregó las armas, perdió la mística, la unidad y la voluntad.

Carlos Valencia asume el mando con una papa caliente en las manos. Hombre de la casa, con sentido de pertenencia, llega obligado a disipar la niebla.

Su misión no es pacificar, sino sacudir: retocar el esquema con audacia, castigar la pereza y mover a los intocables. Se marchó Herrera, corresponsable de la debacle, pero la tempestad se mantiene.

Herrera, un buen tipo, con la experiencia que da conocimientos, pero dominado por su terquedad.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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