Una visita inesperada convirtió la mañana de Seba Seba Bakery, en la esquina de la Calle 83 con Northern Boulevard, en el corazón de Queens, en un episodio difícil de olvidar. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, llegó a la panadería colombiana y desayunó durante más de una hora: probó pandebonos, buñuelos, empanadas y aguapanela con limón, mientras sostenía un diálogo cercano con Luis Velázquez, fundador del negocio, y su hijo Samuel Velázquez, sobre lo que significa construir una empresa familiar desde la experiencia migrante.
El burgomaestre no solo compartió la mesa con los propietarios, sino que al despedirse pidió una docena de pandebonos para llevar. Cuando los dueños quisieron obsequiárselos, Mamdani insistió en pagar veinte dólares, un gesto que los Velázquez interpretaron como un respaldo real al trabajo de una familia que durante décadas ha servido a la comunidad colombiana y neoyorquina. La intención del alcalde, según explicaron fuentes cercanas a la administración, era acercarse a la trayectoria de un negocio emblemático para la comunidad migrante y resaltar historias de inmigrantes que construyen empresas formales en Queens.
Un sueño que comenzó en Medellín
Detrás de cada bandeja de pandebonos recién horneados hay una historia de perseverancia que atraviesa tres generaciones. Luis Velázquez llegó a Estados Unidos el 15 de enero de 1971, trece días antes de cumplir diecisiete años, procedente de Medellín. Junto a su hermano, con quien creció, fundó la panadería que hoy opera en Queens y que hacia fines del próximo año cumplirá cuatro décadas de actividad. La familia está compuesta por once hermanos, y el negocio ha dado empleo a entre quince y diecisiete trabajadores, muchos de ellos también inmigrantes. La segunda generación, integrada por los hijos Samuel y Luis, colabora activamente en el emprendimiento, garantizando que el legado continúe.
El propio Luis recuerda aquellos comienzos con una mezcla de nostalgia y orgullo. «Siempre fui una persona de sueños», afirma el fundador, y agrega al recordar los primeros años: «Algún día tengo que destetarme», en referencia a su deseo de independizarse y consolidar un proyecto propio. Ese sueño se materializó en una panadería cuyo nombre tiene un origen tan cálido como su propia historia. «Seba Seba» nació del vocabulario de Amanda, la madre de Luis, en el barrio Belén de Medellín: cuando sus amigas seguían comiendo las tostaditas que ella preparaba, decían que «uno se ceba». La familia descartó traducirlo al inglés como «Tasty Tasty» y conservó la expresión original que hoy identifica a esta esquina de Queens.
La fórmula de un pandebono irresistible
El secreto del pandebono, el producto más famoso de la casa, responde a una combinación precisa de quesos procedentes de Nicaragua, México y Wisconsin, adaptada a los ingredientes disponibles en el mercado local. Samuel Velázquez, hijo del fundador, explica que la clave está en el equilibrio y en la técnica. «Usamos varios para que el queso no sea ni muy salado, ni muy dulce, ni muy grasoso, ni muy insípido», detalla, y sentencia: «La clave es usando los porcentajes». Cada lote de horneado produce entre veinte y treinta unidades, una producción constante que mantiene viva una tradición que Luis heredó de su madre: «Las tostaditas de mi mamá de hace cincuenta o sesenta años todavía están produciéndose».
«Siempre fui una persona de sueños»
Luis Velázquez, fundador de Seba Seba Bakery
La visita del alcalde Mamdani tuvo un efecto inmediato en la panadería: la visibilidad del local se disparó en las redes sociales y llegaron nuevos clientes atraídos por la historia. No es la primera vez que el comercio recibe a una autoridad; apenas dos meses antes, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, desayunó en la segunda sede de la panadería, ubicada a siete u ocho cuadras del local principal. En esta esquina de Queens, donde la familia Velázquez ha trabajado el maíz, el queso y la harina durante casi cuarenta años, el sueño de aquel joven medellinense que llegó con las manos vacías y la cabeza llena de ilusiones sigue dando frutos, ahora con la bendición de la alcaldía.










