La mujer caleña Natalia Arcila, acompañada por su madre y su hijo de 10 años, vivió el viernes 9 de octubre un fuerte terremoto en Panamá cuando se encontraba de vacaciones con su familia, apenas dos meses después de haber sufrido el sismo que sacudió Cali el pasado 10 de agosto. El movimiento telúrico, ocurrido a las 12:56 hora local, sorprendió a la familia cuando ingresaban a un centro comercial, y aunque todos resultaron ilesos, la experiencia reavivó el temor que buscaban dejar atrás.
Arcila relató que al entrar al establecimiento sintió que todo se movía en una tienda cercana a la entrada. “Estaba con mi familia entrando a un centro comercial en una tienda de las cercanas como a la entrada y empecé a sentir que se empezó a mover todo”, dijo. Su hijo se encontraba en un local contiguo, y de inmediato comenzó a alertar a quienes estaban allí. “Mi hijo que tiene 10 años estaba en una tienda al lado y empecé a decir ‘está temblando, está temblando’”, agregó. La reacción de una de las personas presentes en el comerio reflejó la poca familiaridad de los panameños con estos fenómenos: “Obviamente como acá en Panamá poco tiembla, el de la tienda me dijo ‘no’, y yo le dije ‘sí’”.
El sismo alcanzó una magnitud de 7,7 grados según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y de 7,5 según el Instituto de Geociencias de Panamá, con una profundidad de aproximadamente 10 kilómetros, lo que explica que se sintiera con fuerza en gran parte del país. Durante la jornada se registraron más de 80 réplicas, cifra que con reportes posteriores superó el centenar. El epicentro se localizó en el corregimiento La Pistalosa, provincia de Herrera, en el sur de Panamá.
La familia había elegido precisamente Panamá como destino de descanso para alejarse del impacto emocional dejado por el temblor en Cali. “No salimos de Cali por el tema del terremoto y de los temblores, porque ella está bastante afectada y nerviosa con el tema”, explicó Natalia Arcila refiriéndose a su madre. Sin embargo, la tierra volvió a sacudirse. “Ya me río, pero en el momento me dio mucho sentimiento de impotencia y de tristeza”, confesó.
El terremoto causó daños en viviendas, escuelas, hospitales, puentes y edificios públicos en diversas zonas del país. En los primeros segundos, miles de personas evacuaron edificios, comercios y viviendas, mientras que algunas fachadas, balcones y paredes se desplomaron. El temor a nuevos movimientos llevó a numerosas familias a pasar la noche fuera de sus hogares. Las autoridades panameñas descartaron la posibilidad de un tsunami y mantuvieron vigilancia sobre las zonas afectadas, evaluando las condiciones de las edificaciones para garantizar la seguridad de la población.










