La Alcaldía de Medellín inició en las últimas horas la demolición de una casa abandonada que perteneció al capo Pablo Escobar, ubicada en la carrera 42 con calle 16B Sur, en el barrio El Diamante del exclusivo sector El Poblado. La propiedad, que registra una extensión de 1.854 metros cuadrados y llevaba más de siete años deshabitada, se había convertido en un foco de inseguridad, consumo de drogas y licor, encuentros sexuales, rituales de magia oscura y narcoturismo, según denuncias reiteradas de los vecinos y reportes de la Secretaría de Seguridad del Distrito.
La demolición fue autorizada tras obtener un concepto técnico favorable del Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres (Dagrd) y la autorización de la Inspección de Convivencia y Paz, en una gestión que el Municipio adelantó ante la Sociedad de Activos Especiales (SAE), entidad que administra el predio a través del Fondo para la Rehabilitación, Inversión Social y Lucha contra el Crimen Organizado (Frisco). El inmueble, adquirido en 1979 por Victoria Eugenia Henao, esposa de Escobar, fue objeto de un proceso de extinción de dominio iniciado por la Fiscalía General de la Nación en 2004, cuya decisión judicial fue ratificada en 2020. Desde entonces, pese a estar bajo control del Estado, el lugar permaneció abandonado y degradó la convivencia en el sector durante más de siete años.
Un mensaje contra la apología del narcotráfico
El alcalde encargado de Medellín, Manuel Villa Mejía, supervisó personalmente el inicio de la demolición y subrayó que la intervención responde a una política de recuperación del espacio público y de rechazo a cualquier exaltación del crimen. “En Medellín no hay lugar para la apología al narcotráfico ni para que inmuebles abandonados se conviertan en escenarios que afectan la seguridad y la convivencia. Hoy comienza la demolición de una propiedad que durante años representó una problemática para la comunidad. Estamos enviando un mensaje claro: en esta ciudad no tiene cabida nada que haga apología al delito”, declaró Villa Mejía. En otro momento, el funcionario agregó que “Medellín no puede seguir permitiendo que lugares relacionados con el pasado criminal sean utilizados para promover el narcoturismo o actividades que deterioran la convivencia. La ciudad se construye desde la legalidad, el respeto por los ciudadanos y la recuperación del territorio. Aquí no se glorifica a los delincuentes, se protege a la comunidad”.
“Estábamos detrás de la Alcaldía porque en esta casa venían y hacían ritos satánicos, o venían a consumir y a vender droga. Para nosotros, como vecinos, esto era muy incómodo. Estamos felices con la demolición porque tumbar esta casa era algo que nos habían prometido hace años”.
Residente del sector El Diamante, en diálogo con El Colombiano
La demolición, que comenzó casi 33 años después de la muerte de Pablo Escobar, busca eliminar un punto de atracción para grupos de visitantes interesados en el narcoturismo alrededor de la figura del extinto capo. El predio continuará en manos de la SAE, aunque desde la Alcaldía no se descarta que, una vez finalizado el proceso, pueda ser transferido al Distrito para adelantar un proyecto de infraestructura que beneficie a la comunidad del barrio El Diamante. Mientras tanto, los vecinos celebran la intervención y esperan que el terreno recuperado deje atrás el estigma de la violencia y el deterioro que marcó a esa propiedad durante más de dos décadas.










