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La toco y me voy…(la jornada del fútbol)

Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO

Jornada de contrastes y jerarquías en el fútbol local

Mientras algunos imponen condiciones con el peso de su historia y sus chequeras, otros se ahogan en crisis internas o caminan sobre la cuerda floja. De nuevo el salvadidas tecnologico.

Los dueños del trámite

Millonarios y Nacional ratificaron su favoritismo. Con la soltura que otorgan sus nóminas y su autoridad natural, despacharon sin despeinarse a Jaguares y Boyacá Chicó. En medio de la comodidad, el talento individual marcó la diferencia: Daniel Ruiz, Juan Guillermo Cuadrado y Edwin Cardona demostraron que tienen una marcha extra. Hubo clase pura en sus pies.

Señales de vida y solidez

Once Caldas, Águilas Doradas y Llaneros firmaron actuaciones destacadas. «El Blanco» parece reencontrar ese rumbo que había extraviado, mostrando un mejor trato y circulación del balón.

Por su parte, el Atlético Bucaramanga justificó su invicto con puro carácter; sostuvo el resultado con solidez en inferioridad numérica, aunque sin brillantez, especialmente después de que Fabián Sambueza —su artista más distinguido— se marchara expulsado. Mientras tanto, Llaneros pisó el acelerador a fondo y descontroló por completo a un Santa Fe sin brújula.

Las cuentas pendientes y los espejismos

No todo fue luz. El propio América sufrió por momentos; tuvo las herramientas físicas pero careció de argumentos tácticos sólidos para dominar de principio a fin.

El Independiente Medellín repite su historia: sin Quintero que habla mucho y juega poco —lo que ya parece una burla directa a la afición—, el equipo exhibe una alarmante inmadurez en los jóvenes de la nueva promoción. El DIM padece de una dependencia absoluta de Martegani (Anulado esta vez por los doblajes de marca rival) y de Frank Fabra que hoy aporta la mitad de su futbol.

Tensiones y crisis en el banquillo

El Deportes Tolima se ahogó en la orilla, pero lo peor vino después: los reproches públicos de su entrenador rompieron los códigos del vestuario, quedando totalmente fuera de las formas y del escenario ideal para ventilar las fracturas del plantel.

En la otra acera, hay que rendirse ante los milagros bajo los tres palos: manos y guantes mágicos de Asprilla en Santa Fe, Romaña en Llaneros y Pedro Gallese en el Deportivo Cali.

Ambiente de tormenta en Barranquilla

El fútbol de Junior es el vivo retrato de un campeón que se autodestruye, eliminado antes de tiempo. Juega tan mal que su rendimiento en la cancha solo saca a flote la profunda crisis institucional y de vestuario que atraviesa.

En Barranquilla hay ambiente de tormenta: los teléfonos rotos acabaron con la armonía y el equipo salta al campo con la inercia de quien juega para perder. Sebastián Viera tiene una sola opción: o se amarra los pantalones para enderezar el barco, o es hora de dar un paso al costado.

Ansiedad verde y el escudo del VAR

El Deportivo Cali no pudo pasar del empate a pesar de jugar con once hombres todo el compromiso. Se notó un equipo ansioso y precipitado, aunque por números sigue perfilado hacia la clasificación.

Finalmente, el arbitraje volvió a dejar serias dudas: el VAR se transformó una vez más en el guardaespaldas corrigiendo expulsiones equivocadas que los árbitros principales no fueron capaces de ver con la jugada a tres o cuatro metros de sus ojos.

Diego Ulloa con Angulo (Tolima) Wilmar Roldán con Fydriszewski (Junior) son postales de un arbitraje que hoy es algo difícil de explicar.

Esteban J.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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