Un estudio de la organización Selva, reportado por El Espectador el 19 de octubre de 2026, encendió las alarmas sobre la posible colisión de aves migratorias con los aerogeneradores de los 16 parques eólicos proyectados en La Guajira. La investigación, realizada durante dos años, registró 57 especies de aves migratorias en el departamento y advirtió que entre el 66,2% y el 85% de ellas vuelan a alturas que se superponen con el área de giro de las turbinas. De los 16 proyectos previstos, hasta la fecha solo uno está construido, lo que abre una ventana para tomar medidas preventivas antes de que la expansión eólica se consolide en esta región del Caribe colombiano.
El equipo de investigación estuvo liderado por Nick Bayly, PhD en Ciencias Biológicas y director de Ecología de la Migración en Selva, junto con las investigadoras Natalia Ramírez Cano y Ángela Caguazango. Durante el trabajo de campo se realizaron censos detallados de 39 de las 57 especies y se contaron 19.694 individuos en períodos cortos, concentrados en cerca de dos semanas entre septiembre y octubre. La mayor actividad migratoria se presentó en dos ventanas: del 26 de septiembre al 3 de octubre, con intensidad moderada-alta, y del 13 al 20 de octubre, cuando alcanzó su máxima intensidad. Los investigadores analizaron las alturas de vuelo de las aves frente al área de giro de las hélices proyectadas, en un ejercicio que permite dimensionar el riesgo real de colisión.
Un cruce peligroso en el desierto
La Guajira es una región mayoritariamente desértica, con ecosistemas de bosque seco tropical y áreas protegidas como el Parque Nacional Natural Macuira, en el norte del territorio wayuu, y el Santuario de Flora y Fauna Los Flamencos. La zona cuenta con un alto potencial eólico por su ubicación en la costa peninsular: la velocidad promedio del viento allí es de 9 metros por segundo, mientras que en Bogotá rara vez supera los 3 metros por segundo. Sin embargo, La Guajira no funciona solo como zona de paso: las aves descienden para alimentarse y descansar, lo que las lleva a volar a menor altura que si simplemente atravesaran la región. Las alturas de vuelo registradas oscilan entre 10 y 150 metros, dependiendo de las condiciones meteorológicas, y es precisamente en ese rango donde se ubicarán las hélices de los parques eólicos.
Los proyectos Windpeshi e Ipapure, cerca de la frontera con Venezuela, presentan un 85% de solapamiento con las rutas migratorias; sus turbinas alcanzan los 186 metros de altura, con el punto más bajo de las hélices entre 22 y 24 metros. En contraste, los parques Acacia II y Camelias, con turbinas de 155 metros y un punto más bajo por encima de los 40 metros, reducen en cerca de un 19% la coincidencia con las alturas de vuelo, aunque todavía mantienen un 66,2% de solapamiento. El riesgo, advierten los investigadores, está directamente asociado al punto más bajo de las aspas.
«En La Guajira no llueve durante la mayor parte del año, es una zona muy seca y las plantas están sin hojas. Pero la temporada de migración de las aves coincide con la época de más lluvias».
Nick Bayly, director de Ecología de la Migración en Selva
Esa coincidencia no es menor: las lluvias traen consigo alimento y descanso para las aves que llegan desde el norte del continente tras recorrer largas distancias. En el Santuario de Flora y Fauna Los Flamencos, por ejemplo, las aves se alimentan de artemia salina, un crustáceo que da su característico color a los flamencos. La investigadora Natalia Ramírez Cano explica que las migraciones de larga distancia hacen que unas especies sean más susceptibles que otras, y que las condiciones meteorológicas pueden obligarlas a volar más bajo para protegerse.
«Es necesario tener en cuenta que las migraciones de larga distancia tienen factores que hacen que unas aves migratorias sean más susceptibles que otras y que, por las condiciones meteorológicas, a veces pueden volar más bajo para protegerse».
Natalia Ramírez Cano, investigadora de Selva
Medidas para proteger a las aves
El estudio propone dos medidas concretas para reducir el riesgo de colisión: pintar una de las hélices de cada turbina de un color diferente para hacerla más visible, y aplicar apagones programados durante las semanas de mayor llegada de aves migratorias. Sobre esta última alternativa, Nick Bayly señala que se trata de la medida potencialmente más efectiva para prevenir colisiones.
«Hacer apagones programados de algunas de las turbinas».
Nick Bayly, director de Ecología de la Migración en Selva
La investigadora Ángela Caguazango subraya que se necesitan más estudios para conocer detalladamente el comportamiento de las aves migratorias y convertir este tipo de información en una exigencia técnica para las autoridades ambientales.
«Se necesitan más estudios para conocer detalladamente el comportamiento de las migratorias y hacer de este tipo de información una exigencia técnica en las autoridades ambientales».
Ángela Caguazango, investigadora de Selva
Con la expansión eólica en marcha y la llegada de las aves prevista para las próximas semanas, los investigadores insisten en que el desarrollo energético de La Guajira no puede ignorar la riqueza natural que alberga. La ciencia, advierten, debe traducirse en decisiones concretas para que los parques eólicos no se conviertan en una trampa mortal para las especies que cada año cruzan el continente en busca de supervivencia.










