Un incendio de grandes proporciones consumió varias bodegas y establecimientos comerciales en el centro de Cali durante la tarde del 23 de octubre, sumándose a una crítica temporada de emergencias que tiene al límite al Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la ciudad. El siniestro se registró en la calle 15 entre carreras 9 y 10, una zona de alta concentración comercial y de almacenamiento de mercancías, donde las llamas amenazaron con propagarse a locales vecinos. Pese a la magnitud del fuego, los primeros reportes oficiales confirmaron que no se presentaron víctimas fatales ni heridos de gravedad, limitándose las pérdidas a daños materiales.
La conflagración se produce en un contexto de saturación para los organismos de socorro. Las altas temperaturas y las sequías prolongadas han intensificado las emergencias en la capital vallecaucana, que hasta septiembre pasado ya acumulaba 343 incendios de cobertura vegetal confirmados. La presión sobre los bomberos quedó en evidencia el 22 de octubre, cuando en tan solo 24 horas atendieron 42 incidentes, entre los que se contaron dos incendios en edificaciones, un incendio vehicular, uno en pastizales, 16 emergencias médicas, tres fugas de gas natural, dos cortocircuitos, una condición peligrosa, tres situaciones con fauna silvestre y cuatro rescates de animales, además de asistencias a personas con movilidad reducida y otros servicios.
Un año marcado por el fuego
El incendio del centro de Cali no es un hecho aislado, sino el capítulo más reciente de un 2026 que ha sido especialmente crítico en materia de siniestros estructurales. En enero, una conflagración en el barrio Comuneros II arrasó con más de 20 viviendas, mientras que en julio se registraron incendios simultáneos en los sectores de El Porvenir y Montebello. Apenas cuatro días antes del siniestro del 23 de octubre, exactamente el 19 de octubre, otro incendio en el Comando Jarillón dejó 13 viviendas afectadas. Esta cadena de emergencias se suma a las estadísticas de 2025, cuando la ciudad contabilizó 587 incendios estructurales.
Frente a este panorama, el presidente de la Asociación de Ingenieros del Valle (AIV), Miguel Corrales, hizo un llamado a la ciudadanía para actuar con responsabilidad. En sus declaraciones, pidió usar el agua de manera racional, proteger las fuentes hídricas, cuidar los cerros y evitar cualquier acción que pueda provocar incendios en la vegetación seca. Corrales advirtió que objetos como vidrios o latas abandonados sobre pasto seco, combinados con las altas temperaturas y la exposición al sol, generan un efecto de lupa suficiente para iniciar conflagraciones.
Advertencias desde la ingeniería
La AIV ha venido alertando que Cali enfrenta múltiples amenazas que van más allá de los incendios. En los espacios de articulación posteriores al sismo del 10 de agosto, la asociación identificó como principales riesgos para la ciudad los movimientos sísmicos, las inundaciones, la desestabilización de taludes, la escasez de agua y los incendios forestales. Corrales subrayó que la gestión del riesgo debe incluir medidas preventivas y educación ciudadana, y no limitarse a la respuesta posterior a las emergencias. En esa línea, los organismos de socorro han solicitado a los comerciantes del centro y de toda la ciudad que revisen sus conexiones eléctricas, sistemas de ventilación y planes de evacuación, especialmente en la recta final del año, cuando la actividad comercial se intensifica.
El Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali movilizó todos los recursos disponibles para contener el incendio en la zona céntrica y evitar que se extendiera a los locales aledaños, en una operación que demandó horas de trabajo. Mientras tanto, los reportes operativos del día anterior ya habían mostrado la magnitud de la demanda sobre la institución, que también atendió llamadas de servicios, un asunto policial, un servicio público y dos despachos que resultaron sin incidentes al llegar. La temporada seca y las altas temperaturas mantienen en alerta máxima a la ciudad, que suma emergencia tras emergencia en un año que ha puesto a prueba su capacidad de respuesta frente al fuego.










