Akima denuncia que productor mexicano usó su rostro para crear avatares con IA

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La modelo colombiana Laura Sofía Grueso, conocida artísticamente como Akima y reconocida por su participación en la serie «Cien años de soledad» de Netflix, denunció públicamente que el productor y director mexicano Mauricio Sierra utilizó fotografías de su rostro para crear entre seis y siete avatares digitales mediante inteligencia artificial, los cuales fueron empleados en campañas publicitarias de marcas de lujo en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, sin su consentimiento ni compensación alguna.

El material usado por Sierra proviene de una producción para la revista Vogue realizada hace aproximadamente seis años, cuando Akima trabajó con él. Según la modelo, Sierra generó los avatares a partir de variaciones de su rostro, a los que posteriormente añadió elementos como tatuajes indígenas que ella no posee, con el fin de «exotizarla» para los mercados internacionales. La denuncia, difundida inicialmente por la modelo a través de sus redes sociales, ha generado una fuerte controversia en la industria creativa por el uso no autorizado de la imagen de una persona racializada mediante herramientas de inteligencia artificial.

Un caso de apropiación racial y expropiación laboral

Akima no solo denuncia el uso ilegítimo de su rostro, sino que también señala el fondo racial del caso. En sus declaraciones, afirmó que Sierra argumentaba haber creado estos personajes porque “no encontraba estas caras en el mundo” y que, al no hallarlas, quería ofrecerlas a sus clientes. La modelo considera que se trata de una apropiación racial de su identidad y una expropiación de su trabajo, vinculada a dinámicas históricas de blanquitud y racialización. “Él, desde su privilegio y su blanquitud, necesita expropiarme mi cara, mi identidad, mi trabajo, adueñarse de todo eso, configurarla a sus fantasías”, expresó.

«Se me hace muy cínico que una persona de México que trabaja con personas morenas, y que de hecho gran parte de su trabajo lo hace incluso con comunidades, quiera apropiarse de los rostros latinoamericanos para venderlos en un mercado europeo y estadounidense».

Akima (Laura Sofía Grueso), modelo y actriz

La modelo, quien cuenta con una década de trayectoria en la industria de la moda, reveló que los avatares no son réplicas exactas de su imagen, sino versiones alteradas que incluyen tatuajes indígenas que ella no tiene, con el objetivo de hacerla más «exótica» para los mercados internacionales. En sus palabras: “Yo soy colombiana, no tengo tatuajes indígenas, no tengo esto que Mauricio necesita que yo sea para vender en Europa”. Esta situación le ha generado un profundo malestar emocional, especialmente al conocer la existencia de un cortometraje alojado en la productora de Sierra que comienza con una escena erótica; Akima no logra distinguir si la figura que aparece es ella misma o uno de los avatares. “Es superperturbador. Verme de alguna forma usurpada me hizo solo tener muchas ganas de vomitar”, confesó.

Llamado a la regulación de la inteligencia artificial

Akima ha anunciado que explorará acciones legales desde Estados Unidos y Europa, y hace un llamado a una mayor regulación de la inteligencia artificial en el ámbito creativo. Considera que el caso evidencia una problemática más amplia para los trabajadores de la industria: “Es mucho más fácil ser un avatar moreno y tener éxito y tener campañas que ser realmente un ser humano y crecer en un contexto como Latinoamérica como persona racializada”. Mientras tanto, la modelo continúa su lucha por el reconocimiento de sus derechos de imagen y por visibilizar los peligros éticos de la IA aplicada sin consentimiento a personas racializadas.

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