La reconocida artista colombiana Doris Salcedo calificó de “perverso” el uso que el Gobierno de Gustavo Petro le ha dado a la expresión “batalla cultural”, y vinculó directamente esa retórica con la reciente decisión de retirar cerca de 50 piezas de las salas permanentes del Museo Nacional. En una entrevista publicada por la revista Cambio, la escultora señaló que detrás de esa narrativa oficial se esconde un acto de censura que afecta a creadores como Beatriz González, Miguel Ángel Rojas y Antonio Caro, cuyas obras fueron apartadas durante la misma semana en que se ejecutó la medida.
Salcedo, una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo en el país, fue contundente al afirmar que “la cultura no entra en guerra, no odia. Por eso, hablar de batalla cultural es un oxímoron y una perversidad”. En sus declaraciones, la artista trazó un vínculo directo entre la retórica gubernamental y lo que considera un engendro de la extrema derecha, mencionando además a Abelardo de la Espriella y Alejandro Ordóñez como exponentes de una alianza histórica entre religión y poder que ella critica. “No podemos normalizar un término que es un engendro de la extrema derecha y otorgarle sentidos positivos”, sentenció.
La censura como fecundidad
Pese a la gravedad de los hechos, la artista no se mostró derrotada. “Creo que lo que la censura le otorga al arte es una fecundidad enorme. Trabajamos más, trabajamos mejor”, afirmó, recordando su propia experiencia en 1995, cuando el entonces director de Colcultura le impidió realizar una sala permanente en el Museo Nacional con objetos recuperados del Palacio de Justicia. Años después, en 2002, logró materializar una obra sobre la fachada del edificio como respuesta creativa a esa restricción. Como ejemplo de arte crítico que perdura, mencionó los 80 grabados de “Los desastres de la guerra” de Francisco de Goya, realizados entre 1810 y 1820.
“No hay mesías, esa posibilidad ya no existe, y tenemos que trabajar unidos para sacar adelante un país”.
Doris Salcedo, artista
La entrevista también dejó una advertencia simbólica: “Que estén atentos todos, porque les llegará su Débora Arango”, en alusión al retrato censurado que la pintora realizó del dictador Gustavo Rojas Pinilla y que décadas después vio a su nieto, Carlos Fernando Galán, llegar a la Alcaldía de Bogotá. Salcedo, que citó a Walter Benjamin y el concepto de “pesimismo activo”, defendió el papel del arte como herramienta para tramitar el dolor y el duelo colectivo, y subrayó que Colombia, al tener un Estado débil, difícilmente podría lograr que un gobierno someta a un sector cultural que calificó de profesional, sofisticado y educado.
La artista recordó además que la formación de los creadores colombianos, moldeada por la violencia de los años 50 y el trabajo de historiadores locales, les ha permitido producir obras sobre esos conflictos, una experiencia que consideró útil incluso para sociedades del norte global. “Antes era impensable un payaso como Trump, pero un dictador tropical era normal en nuestro medio”, ironizó, cerrando con un llamado a la unidad lejos de mesianismos. Mientras tanto, el Museo Nacional sigue sin dar explicaciones detalladas sobre el destino de las piezas retiradas, y el debate sobre los límites entre política, censura y cultura se mantiene abierto.










