Presidente Abelardo de la Espriella responde a críticas defendiendo su estilo alegre

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El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, salió al paso de las críticas que han generado sus comentarios jocosos y su tono alegre durante actos oficiales. En una alocución transmitida desde Barranquilla la noche del 25 de octubre de 2026, el mandatario defendió su estilo de comunicación y arremetió contra quienes, según dijo, pretenden que gobierne con seriedad y amargura. “Hasta les molesta el humor, la mamadera de gallo que es tan colombiana, la alegría, una sonrisa. Pretenden que uno viva amargado como ellos, que renuncie a su esencia y que gobierne con cara larga y el corazón lleno de resentimientos”, expresó De la Espriella durante su intervención, que buscó responder directamente a los cuestionamientos surgidos en los últimos días.

Los señalamientos contra el presidente se intensificaron luego de que el 22 de octubre, en Pereira, le hiciera comentarios al alcalde de Dosquebradas, Roberto Jiménez Naranjo, durante un acto sobre la reconstrucción tras el terremoto del 10 de agosto en Risaralda. En esa ocasión, De la Espriella le dijo al funcionario: “Quítense esa cara de seriedad, alcalde de Dosquebradas. Una risita, hermano, está muy serio. Estamos trayendo las soluciones”, y luego agregó que estaba “más serio que un tacaño recién atracado”. Esas frases, sumadas a la costumbre del presidente de citar canciones de Silvestre Dangond y Diomedes Díaz en actos oficiales —como ocurrió el 5 de octubre en Valledupar durante la activación de la Fuerza de Tarea Urano, y posteriormente en Buenaventura—, provocaron una ola de críticas de sectores políticos, medios de comunicación y parte de la opinión pública. En Valledupar, el mandatario citó a Dangond: “Me quisieron acabar y no han podido”, mientras que en Buenaventura recurrió a Diomedes Díaz: “¿Para qué dormir en vida? Si cuando uno se muere… dura mucho”, para justificar su intenso ritmo de trabajo.

“No voy a permitir que la amargura me robe la alegría”

En su alocución, De la Espriella fue contundente al afirmar que no cambiará su forma de comunicarse ni su esencia. “Amo lo que hago. La alegría no está reñida con la responsabilidad, ni el buen humor con la autoridad. No voy a permitir que la amargura de unos pocos me robe la alegría de servirle a Colombia”, declaró el jefe de Estado. Además, vinculó las críticas a una supuesta campaña de sectores tradicionales que buscan desacreditarlo. “Yo no llegué a la Presidencia de la República para agradarles a los mismos de siempre, a los medios de comunicación, a los grandes grupos de interés ni a los dinosaurios de la política tradicional”, afirmó, en un claro mensaje a sus detractores.

El presidente también aprovechó la alocución para referirse a los avances de su gobierno en regiones afectadas por el terremoto de agosto. Recordó que el 22 de octubre, el mismo día de sus polémicos comentarios en Pereira, su administración anunció 300 subsidios para rehabilitar viviendas en Pereira y Dosquebradas, así como una partida de 1.500 millones de pesos —de un total de 4.600 millones— destinada a la reactivación económica de Risaralda. De la Espriella sostuvo que sus opositores pretenden que resuelva en tres meses “el desastre que heredó” de la administración anterior, caracterizado por “desidia, improvisación, falta de planeación, politiquería y gravísimos cuestionamientos de corrupción”.

“Hasta les molesta el humor, la mamadera de gallo que es tan colombiana, la alegría, una sonrisa. Pretenden que uno viva amargado como ellos, que renuncie a su esencia y que gobierne con cara larga y el corazón lleno de resentimientos”.

Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia

Con esta intervención, el mandatario reafirmó que no modificará su estilo, pese a las críticas, y dejó claro que considera que la alegría y el sentido del humor son parte de su identidad y de su forma de gobernar. La alocución, transmitida a nivel nacional, buscó cerrar el debate sobre su conducta en actos oficiales, aunque las reacciones en redes sociales y entre analistas políticos continuaron divididas entre quienes aplauden su cercanía con el pueblo y quienes consideran que ciertos comentarios restan seriedad a la investidura presidencial.

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