El influenciador Jim Velásquez reveló que su matrimonio con la actriz Alina Lozano fue una puesta en escena sin validez legal, ya que nunca se firmó acta matrimonial ni existió divorcio formal. La confesión pública se produjo el pasado martes 27 de octubre y destapó que la boda celebrada en noviembre de 2023 fue completamente simbólica, sin valor civil ni eclesiástico. La primera ceremonia se llevó a cabo en Cartagena, oficiada por la madre del creador de contenido frente al mar, mientras que la segunda se realizó en las afueras de Bogotá ante más de doscientos invitados, con sacerdote católico incluido; sin embargo, según el propio Velásquez, esa liturgia fue apenas una bendición simbólica oficiada por un actor.
La pareja se conoció cuando Velásquez tenía diecisiete años y Lozano era su profesora de actuación. Años después formaron una alianza para producir contenido digital y el romance inició en 2022, generando divididas reacciones por la diferencia de edad, superior a tres décadas. La propuesta de matrimonio ocurrió en mayo de 2023 durante una entrevista televisiva en el programa Bravissimo de City TV, con el presentador Marcelo Cezán como facilitador. Velásquez mandó a hacer un anillo para la ocasión y, según relató, dudó hasta el último momento: «No soy capaz, o sea, no lo voy a hacer», confesó sobre sus pensamientos previos, aunque finalmente se lanzó con un «¿Te quieres casar conmigo en vivo y en directo?» ante la sorpresa de Lozano, quien alcanzó a responder: «Si esto es una broma, terminamos».
Una decisión para evitar especulaciones económicas
La decisión de no formalizar legalmente la unión respondió a una estrategia deliberada. Velásquez explicó que buscaban evitar especulaciones sobre interés económico y repartición de bienes ante una eventual separación, algo que consideraban previsible por la diferencia de edad y las suspicacias que su relación despertaba. «No queríamos que la gente pensara que yo me estaba casando con ella solo por interés, porque tuviésemos repartición de bienes cuando nos llegáramos a separar», afirmó el influenciador. Esta lógica se extendió hasta el final de la relación: «Es por esto que no nos hemos divorciado, porque no necesitamos divorcio. Si alguno de ustedes seguía pensando cómo íbamos a hacer la repartición de bienes, si yo me iba a quedar con su herencia, si me iba a quedar con su casa, con su carro, no va a pasar, no ha pasado, no puede pasar y no es lo que yo quiero».
«Si todas sus exparejas no le propusieron matrimonio, ¿por qué yo no ser la excepción y pedírselo?»
Jim Velásquez, creador de contenido
La primera ceremonia en Cartagena fue sencilla, con ambos vestidos de blanco, y contó con la bendición de la madre del influenciador. «Mi mamá nos va a hacer la ceremonia frente al mar. Ella nos va a bendecir el matrimonio y ya», había dicho Velásquez en su momento. La segunda boda, planeada durante aproximadamente cuatro meses, incluyó músicos, pastel y cobertura de medios de comunicación. Sobre ella, Velásquez aclaró: «A pesar de ser un sacerdote católico, de celebrarse una misa, fue una bendición simbólica». A pesar de la falta de validez legal, el creador de contenido aseguró que las ceremonias fueron emocionalmente valiosas y que ambos asumieron roles de matrimonio durante la relación. «Para mí fue muy hermoso haberme casado dos veces, además de recibir las bendiciones de mi mamá y luego del sacerdote, de mis amigos, de mi familia», manifestó.
El final de una relación mediática
La separación definitiva se confirmó a comienzos de 2026, tras la participación de la pareja en el reality «Apostarías por mí», grabado en Brasil. Velásquez atribuyó el distanciamiento a varios factores, entre ellos la quiebra de una panadería y la insistencia de Lozano en aprovechar la visibilidad que les ofrecía el programa. La actriz, quien había confesado que soñaba con casarse de blanco, fue la motivación inicial de la propuesta, pero la presión mediática y las diferencias terminaron por separarlos. Cada uno conserva sus propias pertenencias, incluidas las del hijo de Lozano, y no existe ningún vínculo legal que disolver, lo que convierte esta historia en un capítulo cerrado sin trámites pendientes.










