Exfutbolista relató cómo capo narco le ofreció escoger auto en Cali

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El exfutbolista argentino Roque Raúl Alfaro, campeón con River Plate y volante ofensivo de raza, rompió el silencio sobre su paso por el América de Cali entre 1981 y 1983, período en el que el club era presidido por Miguel Rodríguez Orejuela, uno de los jefes del Cartel de Cali. En una entrevista reciente con el diario Clarín, Alfaro relató en detalle la relación cotidiana que mantuvo con el poderoso narcotraficante, desgranando anécdotas personales, cifras económicas y el ambiente que se vivía en la institución escarlata durante aquellos años marcados por el dinero del narcotráfico, aunque el exjugador asegura no haber presenciado actividades ilegales durante su estancia. Su llegada a Colombia se produjo por recomendación del defensor argentino Aurelio José «Coco» Pascuttini, y su contratación supuso un desembolso de 250.000 dólares. Ya en Cali, su sueldo mensual era de 500 dólares, complementado con una prima anual de 40.000 dólares y premios adicionales de entre 200 y 300 dólares por partidos importantes, especialmente frente a Millonarios, el clásico rival. En la temporada de 1982, Alfaro marcó 16 goles que resultaron fundamentales para que el América de Cali se coronara campeón, logro que repitió al año siguiente, siempre bajo la presidencia de Rodríguez Orejuela.

«Elija lo que quiera»: el día que Alfaro escogió un Renault 12 en el garaje del capo

Uno de los episodios más llamativos que rescató Alfaro en la entrevista ocurrió cuando, recién llegado a la ciudad, se acercó a Rodríguez Orejuela para pedirle ayuda para movilizarse. «Me acerqué y le dije: ‘Don Miguel, me gustaría conocer la ciudad, pero estoy sin auto, no tengo manera’. Me contestó: ‘Venga mañana a casa que algo le voy a ofrecer’», relata el exfutbolista. Al día siguiente, Alfaro se presentó en la residencia del capo, una mansión impresionante donde fue conducido al garaje. «Era una mansión impresionante, me llevó al garaje y me dijo: ‘Elija lo que quiera’. No te puedo explicar, estaban todas las chatitas, Mercedes, BMW, todas, una al lado de la otra», recuerda. Ante la sorpresa de Rodríguez Orejuela, Alfaro eligió un modesto Renault 12, argumentando que con ese auto andaría tranquilo y no lo robarían. El presidente del América le respondió: «Bueno, si me saca campeón se lo regalo».

«Los cumples se festejaban en el club. Fuimos y había una cajita chiquita y un cajón gigante. Abren la chiquita y dicen: ‘Acá está la torta de Don Roque Raúl’, porque me decían así. ‘Y acá está la de Don Miguel’, y ahí sacan una torta inmensa»

Roque Raúl Alfaro, exfutbolista

La coincidencia de que ambos, Alfaro y Rodríguez Orejuela, cumplieran años el 15 de agosto propiciaba celebraciones conjuntas en el club, una muestra más de la familiaridad con la que el futbolista se codeaba con el líder del Cartel de Cali. A pesar de esa evidente cercanía, Alfaro se muestra categórico al afirmar que durante su etapa no observó actividades ilegales. «Nunca vi cosas raras, la verdad, porque estuve ahí hasta el 83 y el quilombo de los carteles empezó en el 85 cuando apareció Pablo Escobar en Medellín», declaró, estableciendo una clara diferencia entre el período que él vivió y la escalada violenta que sacudió Colombia después. Durante su estancia en el América de Cali, además, compartió plantel con leyendas del fútbol colombiano como Willington Ortiz, Anthony de Ávila, Julio César Falcioni, Juan Manuel Battaglia y Gerardo González Aquino.

Alfaro se retiró en 1992 en el O’Higgins de Chile y posteriormente desarrolló una carrera como entrenador de divisiones inferiores en Newell’s y River Plate, donde formó a figuras de la talla de Lionel Scaloni, Gabriel Heinze, Martín Demichelis y, especialmente, Radamel Falcao García, a quien conoció cuando el colombiano llegó a Buenos Aires con apenas 15 años para probarse en el club millonario. La entrevista concedida a Clarín forma parte de un repaso de su trayectoria, pero ha cobrado especial relevancia por la ventana que abre a una época en la que el fútbol colombiano convivió con los dineros del narcotráfico, un capítulo turbio del que Alfaro asegura haber sido solo un testigo periférico que nunca cruzó la línea de lo ilegal.

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