La militarización de Cúcuta durante el puente festivo, que coincidió con la visita del presidente Abelardo de la Espriella, provocó una notable disminución de clientes en bares y discotecas de la ciudad y su área metropolitana. Así lo advirtió Eduardo Quintero, presidente de Asobares, la asociación que agremia a los establecimientos nocturnos, quien respaldó las medidas de seguridad implementadas por el Gobierno nacional, pero condicionó su apoyo a que se observen resultados concretos a corto plazo. Entre el jueves 29 de octubre y el lunes 1 de noviembre, la presencia de retenes militares y la restricción a la circulación de motocicletas desalentaron la movilidad nocturna de los ciudadanos, quienes prefirieron resguardarse en sus hogares.
El gremio tenía altas expectativas para este fin de semana, considerado uno de los más importantes para el calendario comercial del sector. Sin embargo, la coyuntura de seguridad, ordenada por el Gobierno nacional para reforzar la protección de la ciudad durante la visita presidencial, truncó esos pronósticos. Quintero señaló que el movimiento en los establecimientos fue bastante lento, y aunque el sábado 31 de octubre mostró una dinámica comercial parcialmente recuperada, el balance general del puente resultó negativo para los empresarios, que vieron frustrados sus ingresos esperados.
Respaldo condicionado a la intervención militar
A pesar del impacto económico, Asobares no cuestiona la necesidad de la intervención militar en la zona. Por el contrario, la asociación la observa con buenos ojos, siempre y cuando se traduzca en avances tangibles y verificables para la seguridad de la ciudadanía. El temor del gremio es que las autoridades se concentren en anunciar procesos prolongados, como la implementación de nuevas tecnologías o la espera de inteligencia, cuando lo que la ciudad requiere son medidas que produzcan efectos inmediatos. La percepción ciudadana frente a los retenes, sumada al temor de enfrentar dificultades para desplazarse, explica en gran medida la baja asistencia a los locales nocturnos.
“Este era un fin de semana que tenía que pintar como uno de los mejores fines de semana del calendario comercial para todos los empresarios y se puso bastante lento el movimiento.”
Eduardo Quintero, presidente de Asobares
Quintero también explicó que la restricción de motos no fue el único factor que incidió en la reducción de la clientela. Muchas personas, previendo la existencia de retenes militares en distintos puntos de la ciudad, optaron por no salir de sus casas, lo que agravó la situación para los bares y discotecas. El gremio espera que, una vez superada esta etapa de alta vigilancia, se consolide un escenario de mayor tranquilidad, pero insiste en que los resultados deben ser visibles pronto para que el comercio nocturno pueda recuperar su dinamismo habitual.
La Asociación de Bares de Cúcuta, en voz de su presidente, dejó claro que el sector está dispuesto a colaborar con las autoridades en el propósito de devolver la seguridad a la región, pero advirtió que la paciencia tiene límites. La ciudadanía y los comerciantes requieren evidencias concretas de que la estrategia funciona, no solo anuncios de planes futuros. El llamado de Asobares es a que el Gobierno cumpla con su promesa de resultados a corto plazo, para que la vida nocturna de Cúcuta recupere su vitalidad sin comprometer la seguridad de sus habitantes.









