En un pronunciamiento que sacude los cimientos del progresismo colombiano, el senador Iván Cepeda, del Pacto Histórico, reconoció públicamente desde Valledupar la persistencia de prácticas machistas y patriarcales dentro de la izquierda y la coalición de gobierno. Con una autocrítica inusualmente directa, el congresista hizo un llamado a los dirigentes hombres del Pacto a asumir responsabilidades por estas dinámicas y a someterse a una revisión interna que permita erradicar lo que denominó como una contradicción evidente entre el discurso emancipador y las prácticas organizativas.
Las declaraciones de Cepeda se dan en medio de la controversia generada por las afirmaciones de Deicy Jiménez, quien sostuvo haber recibido contratos estatales a cambio de favores sexuales, acusación que el expresidente Gustavo Petro ha rechazado categóricamente. El senador, sin embargo, evitó mencionar directamente al exmandatario o a la denunciante, pero situó el debate en un plano más amplio: el de las estructuras de poder que, según él, siguen reproduciendo la dominación masculina incluso en espacios que se proclaman alternativos.
Un diagnóstico sin eufemismos
Sin ambigüedades ni medias tintas, Cepeda afirmó que el Pacto Histórico es una «formación política que aún tiene un marcado machismo y patriarcado en su dirección y en todas sus estructuras». El senador enumeró conductas concretas que reflejan esta cultura: desde el caudillismo y el culto a liderazgos masculinos, hasta la toma de decisiones en grupos integrados principalmente por hombres, la descalificación de mujeres que ejercen autoridad y la apropiación masculina de los escenarios de representación. Señaló, además, que mientras los hombres concentran los puestos de decisión y el protagonismo público, las mujeres asumen labores de cuidado y responsabilidades menos visibles, perpetuando una distribución desigual del poder.
El legislador fue enfático al señalar que «existe una contradicción evidente que la izquierda colombiana tiene que atreverse a mirar de frente, sin evasivas, sin justificaciones y sin temor a someterse a una crítica radical». En ese sentido, llamó a examinar estas prácticas con «rigurosidad y franqueza», advirtiendo que quienes incurran en irregularidades deben responder ante las autoridades competentes.
La lealtad como mecanismo de silencio
Uno de los puntos más contundentes de su discurso fue la denuncia de cómo la lealtad partidista se utiliza como mecanismo para imponer silencio e impunidad. «Se expresan también en el silenciamiento de las denuncias, en la revictimización de quienes se atreven a señalar abusos, y en la utilización de la lealtad partidista como mecanismo para imponer silencio e impunidad», sostuvo Cepeda, dejando claro que ninguna causa política, urgencia electoral, disciplina organizativa o supuesta lealtad a un proyecto colectivo puede justificar el encubrimiento de la violencia contra las mujeres.
«No podemos proclamar la emancipación de los pueblos y mantener, en nuestras propias organizaciones, relaciones de dominación sobre las mujeres»
Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico
El senador cerró su intervención con una advertencia que resuena como un llamado a la coherencia: «No habrá una izquierda verdaderamente liberadora mientras no seamos capaces de erradicar de nuestras propias prácticas la dominación machista y patriarcal». Con este pronunciamiento, Cepeda no solo abrió un debate interno en el Pacto Histórico, sino que también puso sobre la mesa la necesidad de que el progresismo colombiano enfrente sus propias contradicciones si aspira a ser un referente de transformación social auténtica.









