En la noche del 9 de noviembre, durante un acto celebrado en Santa Marta, Gustavo Petro aseguró que existe un complot para encarcelarlo, supuestamente orquestado desde Estados Unidos con la colaboración de sectores políticos de Colombia, y liderado por Andrés Pastrana y el senador estadounidense Bernie Moreno. El mandatario dijo que la maniobra tiene como propósito frenar su gestión y puso sobre la mesa la posibilidad de que haya pruebas que aún no se han hecho públicas. En respuesta, Pastrana negó las acusaciones y difundió un video en sus redes sociales en el que reiteró su defensa del honor y exigió pruebas concretas.
El acto en Santa Marta, en la región de Magdalena, contó con la presencia de víctimas del conflicto armado y se dio en un contexto de tensiones políticas que incluyen el señalamiento por parte de Petro sobre posibles vínculos de Pastrana con figuras históricas vinculadas a la narcoescena. Petro afirmó que existen conexiones entre Pastrana y el mundo del narcotráfico y otros actores, mientras Pastrana exige que se presenten las pruebas y advierte sobre las consecuencias de manipular su nombre. Además, Pastrana respondió desde su liderazgo político con un mensaje difundido en video para sostener que no hay base para las acusaciones y para defender su honra ante lo que llamó calumnias.
La historia y el contexto hablan de antecedentes que se entrelazan con este episodio. En 1988, Pastrana fue secuestrado por el cartel de Medellín cuando su líder, Pablo Escobar, lo retuvo en la sede de su campaña para la alcaldía de Bogotá, una maniobra destinada a presionar al gobierno para evitar la extradición de narcotraficantes. El suceso es mencionado en este marco para entender la carga simbólica que envuelve a estas afirmaciones. Más allá de las acusaciones, el debate ha ido ganando terreno en la escena pública, con referencias a una resistencia de la administración de Donald Trump hacia Petro y una lectura de Petro como líder opositor con vínculos a redes de narcotráfico según la narrativa de ciertos sectores, lo que alimenta una discusión sobre vínculos y decisiones durante conflictos históricos.
El acto de Santa Marta dejó claro que la conversación entre Petro y Pastrana no se limita a una disputa personal, sino que se inscribe en una discusión política más amplia que contempla el ciclo restante del mandato de Petro, que se extiende menos de un año, y la presión que reciben las decisiones de gobierno en un momento de alta polarización. En ese contexto, surgieron además comentarios y señalamientos que han ampliado la atención de la opinión pública hacia posibles conexiones históricas y la forma en que se plantean las pruebas en torno a las acusaciones.
Reacciones y contexto político
El episodio ha puesto en primer plano el choque entre dos figuras fuertes de la escena colombiana, con un impacto inmediato en la conversación pública y judicial que rodea a este tipo de afirmaciones. El video difundido por Pastrana y las declaraciones de Petro han acelerado una narrativa que mantiene a la opinión pública atenta a cada giro y a la posible llegada de pruebas que permitan esclarecer el origen y la participación de las personas mencionadas.
«Gustavo Petro no me intimida, ni tiene cómo intimidarme, ni con calumnias sobre mi vida personal, ni con deformaciones sobre el triunfo electoral de mi padre, que reconoció el propio general Rojas Pinilla» – Andrés Pastrana, Expresidente de Colombia
«En cambio, Petro, socio de mi secuestrador y patrón del M-19 en el holocausto del Palacio de Justicia, Pablo Escobar, y comodín del pacto de la Picota y el narcotraficante cartel del Golfo, le debe a Colombia, de tiempo atrás, las respuestas a muchos interrogantes sobre su vida personal, su vida política y su vida delincuencial» – Andrés Pastrana, Expresidente de Colombia
“Un clan de pedófilos quiere acabar la democracia en Colombia” – Gustavo Petro, Presidente
En el cierre de esta cobertura, la conversación pública entre Petro y Pastrana continúa en un marco de alta tensión política, con el objetivo de esclarecer responsabilidades, reputaciones y la posible existencia de un esquema conspirativo que podría afectar el rumbo del país. Las próximas semanas prometen nuevas declaraciones, posibles pruebas y respuestas oficiales que definan si estas afirmaciones encuentran sustento o quedan consignadas como una controversia más en un espectro de disputas políticas que parece no ceder ante la polarización.

















