Un estudio reciente publicado en la revista PNAS ha revelado que las abejas melíferas ajustan la precisión de su famosa danza del meneo en función de la cantidad de observadoras que reciben atención, liderado por el biólogo James Nieh de la Universidad de California en San Diego, en colaboración con equipos de la Academia China de Ciencias y la Universidad Queen Mary de Londres. Los experimentos, realizados en laboratorios de estas instituciones con pistas de baile controladas, demostraron que las abejas optimizan la exactitud de su comunicación cuando hay una audiencia numerosa y receptiva, pero reducen su precisión ante un público escaso o poco interesado, como abejas jóvenes menos atentas.
Esta danza del meneo, un mecanismo esencial en las colmenas de Apis mellifera para compartir la ubicación de fuentes de néctar, se basa en el ángulo del meneo que indica la dirección respecto al sol y en la duración que mide la distancia. Las abejas perciben la atención de sus receptoras a través de roces corporales y señales de antenas, lo que influye directamente en la calidad de la señal transmitida. Al manipular el número y tipo de audiencia, los investigadores observaron que con pocos observadores, las bailarinas se distraen buscando atención, moviéndose más y volviendo la danza menos precisa, destacando que el proceso no depende solo de la motivación del emisor, sino también de la disponibilidad social de los receptores.
La adaptación social en el lenguaje de las abejas
James Nieh explicó este fenómeno comparándolo con un artista callejero: «Todo el mundo ha visto a un artista callejero adaptarse a un público cambiante. En la colmena, observamos algo similar. Cuando hay menos abejas siguiéndolas, las bailarinas se mueven más mientras buscan a su público, y la danza se vuelve menos precisa». Por su parte, el investigador Ken Tan subrayó: «Nuestros datos muestran que la precisión de una señal de comunicación puede depender de la disponibilidad social de receptores, no solo de la motivación del emisor». Lars Chittka, de la Universidad Queen Mary, añadió: «Nuestro estudio demuestra que las abejas melíferas bailan mejor cuando saben que alguien las está observando. Cuando escasean los seguidores, las bailarinas deambulan en busca de oyentes y, al hacerlo, sus señales se vuelven más difusas».
«Todo el mundo ha visto a un artista callejero adaptarse a un público cambiante. En la colmena, observamos algo similar. Cuando hay menos abejas siguiéndolas, las bailarinas se mueven más mientras buscan a su público, y la danza se vuelve menos precisa»
James Nieh, biólogo de la Universidad de California en San Diego
«Nuestros datos muestran que la precisión de una señal de comunicación puede depender de la disponibilidad social de receptores, no solo de la motivación del emisor»
Ken Tan, investigador
«Nuestro estudio demuestra que las abejas melíferas bailan mejor cuando saben que alguien las está observando. Cuando escasean los seguidores, las bailarinas deambulan en busca de oyentes y, al hacerlo, sus señales se vuelven más difusas»
Lars Chittka, Universidad Queen Mary
Este hallazgo resalta la complejidad social de las abejas melíferas, polinizadores fundamentales para los ecosistemas y la agricultura, y subraya cómo su comunicación depende de interacciones colectivas en la colmena. Basado en un artículo de Europa Press sobre el estudio en PNAS, el descubrimiento invita a repensar la inteligencia animal más allá de la mera transmisión de información.











