El presidente electo Abelardo de la Espriella evalúa la instalación de un despacho presidencial alterno en el Edificio de la Aduana de Barranquilla, según confirmó el alcalde de la ciudad, Alejandro Char. La iniciativa, que no implica un traslado oficial de la sede del Ejecutivo fuera de Bogotá, busca materializar una de las promesas de campaña del mandatario electo: gobernar desde las regiones y enviar un mensaje contra el «bogocentrismo administrativo». Durante la transición, De la Espriella ya realizó en Barranquilla su primer consejo de ministros, recibió a mandatarios locales y grabó transmisiones para redes sociales, consolidando una estrategia de presencia regional que arrancaría simbólicamente con su primera semana de gobierno en La Guajira, a pocas semanas de la posesión del 7 de agosto.
El plan contempla una combinación entre una base regional de operaciones y las funciones que continuarán desarrollándose en la Casa de Nariño, en Bogotá. De la Espriella ha trabajado desde sus oficinas en Barranquilla durante la campaña y después de ganar las elecciones, lo que anticipa un modelo de gestión que lo llevará a pasar varios días en las regiones y a encabezar puestos de mando unificados. Sin embargo, la transición ha estado marcada por el desacuerdo entre el presidente saliente Gustavo Petro y el presidente electo, lo que añade una capa de complejidad a la implementación de esta nueva dinámica presidencial.
Análisis de expertos
El politólogo Felipe Murillo, doctorando en ciencia política y profesor de la Universidad Eafit, calificó la iniciativa como «una decisión logística y simbólica que trata de que el poder ejecutivo debe mirar más allá de Bogotá y fijar la mirada en las regiones; un mensaje al bogocentrismo administrativo». No obstante, advirtió que «suena deseable, pero no necesariamente lo es por los retos que implica». Comparó la dificultad de mover la estructura gubernamental asentada físicamente en la capital con «buscar mover una ballena encallada», señalando los desafíos operativos que van desde la relación con ministerios y direcciones clave en Bogotá hasta la seguridad presidencial, la definición de una sede alterna y la necesidad de un sistema blindado de comunicaciones.
«Se trata de una decisión logística y simbólica que trata de que el poder ejecutivo debe mirar más allá de Bogotá y fijar la mirada en las regiones; un mensaje al bogocentrismo administrativo»
Felipe Murillo, politólogo y profesor Universidad Eafit
Por su parte, Diógenes Rosero, profesor de la Universidad del Atlántico y experto en dinámica política de la región Caribe, planteó tres interrogantes clave: si la apuesta se concentrará únicamente en Barranquilla o se extenderá a otras regiones; el papel que jugará la casa Char —familia de fuertes aliados del presidente electo— en ese esquema; y si el gobierno entrante abrirá discusiones con fuerzas políticas distintas de sus aliados directos. Rosero también observó que el gabinete anunciado hasta ahora tiene un perfil «identitario» y advirtió que el gobierno necesitará interlocución con la sociedad civil, empresarios y gremios. «Vale la pena preguntarse si el gobierno entrante le apostará a diferentes actores de la política regional en el Caribe o pondrá el foco en sus aliados», afirmó.
«Vale la pena preguntarse si el gobierno entrante le apostará a diferentes actores de la política regional en el Caribe o pondrá el foco en sus aliados»
Diógenes Rosero, profesor Universidad del Atlántico
El antecedente histórico de gobernar desde el Caribe colombiano se remonta a finales del siglo XIX, cuando Rafael Núñez ejerció el poder desde Cartagena en un contexto sin las herramientas de comunicación actuales. Hoy, el peso político de la familia Char, aliada del presidente electo, y la disputa por la presidencia del Senado entre Alfredo Deluque (La U, La Guajira) y Honorio Enríquez (Centro Democrático) añaden una dimensión estratégica a la decisión de instalar un despacho alterno en Barranquilla. La pregunta que queda abierta, como sugiere Rosero, es si este movimiento descentralizador logrará superar los retos logísticos, políticos y simbólicos que implica gobernar desde las regiones sin desatender la maquinaria del Estado que sigue operando en Bogotá.












