El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, publicó el pasado 1 de noviembre de 2026 un video en su cuenta oficial de la red social X que ha dividido profundamente la opinión pública. En las imágenes, se ve al mandatario cortando las uñas a su hijo Filippo en la intimidad de su hogar, acompañado de un mensaje en el que afirma que antepone su rol de padre a sus responsabilidades como jefe de Estado. La publicación, que busca resaltar la importancia de la paternidad, ha generado un intenso debate entre detractores y seguidores.
En el mensaje que acompañó el video, el presidente escribió: «Aquí me tienen, cortándole las uñas a mi hijo Filippo, porque hay cosas que ni la agenda presidencial, ni las responsabilidades del Gobierno, ni los afanes de la vida pueden cambiar». La escena refleja un momento doméstico cargado de simbolismo, donde el mandatario, en un acto cotidiano, intenta conectar con los colombianos desde su faceta más personal. De la Espriella profundizó en su reflexión, señalando que «en medio de tantas responsabilidades, estos son los momentos que más atesoro» y que «la felicidad está en las cosas más sencillas y el tiempo dedicado a nuestros hijos es el regalo más valioso que podemos darles».
Paternidad versus agenda presidencial
El mandatario, quien ha tenido un mandato marcado por la polémica y una fuerte oposición, recurrió a un tono íntimo y sentimental para reivindicar su papel como padre. En sus declaraciones, De la Espriella dejó claro que, a pesar del peso de dirigir el país, su prioridad es su familia. «La Presidencia de la República es el más grande honor que me han confiado los colombianos, pero ser papá es el regalo más hermoso que Dios me ha dado», afirmó, y agregó que «no hay responsabilidad más sagrada ni amor más grande que ese». La frase con la que cerró su mensaje, «Porque un día dejaré de ser presidente, pero nunca dejaré de ser papá», se convirtió en el eje de la controversia.
Las reacciones en redes sociales no se hicieron esperar y quedaron divididas. Mientras un sector de la ciudadanía y sus seguidores aplaudieron el gesto, destacando que «las pequeñas actuaciones colman de grandeza el corazón del hombre bueno» y que «primero está la buena crianza de los hijos, sin ello no hay ni habrá patria milagro», las críticas arremetieron contra la puesta en escena. Usuarios detractores cuestionaron la autenticidad del momento, con comentarios como «Seguro que también puede hacerlo sin show», «Y cuál es la novedad, eso lo hace cualquier papá, o mamá, ¿qué es lo extraordinario?» y «Si alguien ha tenido trabajo en este gobierno es el camarógrafo de este show». Incluso hubo quien ironizó: «Barbie hoy quiso ser manicurista», mientras que otros aprovecharon para recordar su gestión, deseando que el «un día dejaré de ser presidente» se cumpla pronto.
Un mandatario que comparte su intimidad
Esta no es la primera vez que De la Espriella comparte momentos familiares en sus redes sociales. Es habitual que publique imágenes junto a su esposa e hijos, tratando de mostrar un lado humano que contraste con las críticas que enfrenta su administración. Sin embargo, en esta ocasión, el mensaje de fondo —que la paternidad está por encima del cargo— resultó especialmente provocador en un contexto de descontento político. La publicación, más que un simple registro de un momento cotidiano, se ha interpretado como un intento por reivindicar su faceta personal en medio de las tensiones propias del poder.
«Porque un día dejaré de ser presidente, pero nunca dejaré de ser papá»
Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia
El video, que muestra al mandatario en un rol de cuidado paternal, ha puesto sobre la mesa el eterno dilema entre la vida pública y la privada de los líderes políticos. Mientras unos ven en el gesto una muestra de autenticidad y valores familiares, otros lo consideran una estrategia de imagen para desviar la atención de los problemas del país. Lo cierto es que, al menos en el ámbito digital, la discusión sigue abierta, y el presidente ha logrado, una vez más, ser el centro de atención en medio de un mandato que no deja indiferente a nadie.










