Abelardo de la Espriella enfrentará retos fiscales y de seguridad al asumir en agosto

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El economista y político Abelardo de la Espriella asumirá la Presidencia de Colombia en agosto de 2026 para el período 2026-2030, en medio de un complejo escenario de desafíos estructurales heredados de la administración de Gustavo Petro (2022-2026). Según el preconteo de la Registraduría Nacional, De la Espriella llega al poder en un clima de polarización política, fragmentación partidista y desconfianza institucional, con la difícil tarea de construir consensos en un país que presenta avances limitados en materia fiscal, laboral, educativa y de seguridad. El gobierno entrante deberá enfrentar problemas de sostenibilidad fiscal, una alta informalidad laboral, deficiencias en la calidad educativa y un deterioro en la seguridad que generó la política de «paz total».

Los principales retos económicos se centran en el equilibrio fiscal, ya que el recaudo tributario bruto de 2025 cerró en aproximadamente 296 billones de pesos, una cifra inferior a la meta oficial de 305,4 billones, lo que representa un desfase de 9,4 billones de pesos. Este déficit se explica, en parte, por los 245,5 billones de pesos recaudados por tributos internos y los 50,5 billones por comercio exterior. Pese a los esfuerzos de fiscalización, que entre septiembre de 2024 y agosto de 2025 permitieron recuperar 18,7 billones de pesos por cobro y otros 14,4 billones por cumplimiento voluntario, la presión sobre las arcas públicas sigue siendo alta. A esto se suma el desafío administrativo y financiero que representa la reforma pensional recién aprobada, en un contexto de envejecimiento demográfico que reduce la base de aportantes al sistema.

Salud, educación y los desafíos sociales

En el frente social, el nuevo mandatario encontrará un sistema de salud con una cobertura superior al 98 por ciento, que beneficia a más de 50 millones de afiliados, pero cuya sostenibilidad y calidad siguen en debate. La inversión en educación alcanzó un récord histórico en 2025, con un presupuesto de aproximadamente 79,2 billones de pesos, aunque cerca del 90 por ciento de estos recursos se destinan al funcionamiento del sistema, dejando un margen estrecho para mejorar la calidad y la productividad del sector. Estos indicadores reflejan una baja ejecución en la transformación educativa, un punto que De la Espriella deberá priorizar para cerrar las brechas de competitividad que afectan al país.

El sector energético también se presenta como un frente crítico, pues la transición hacia fuentes limpias se ha ralentizado por la incertidumbre normativa. Expertos y gremios, como la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), han señalado que esta falta de claridad frenó el crecimiento del sector, por lo que el nuevo gobierno deberá equilibrar la seguridad energética, la competitividad y las metas de descarbonización. De manera similar, el campo colombiano enfrenta problemas estructurales de baja tecnificación, altos costos logísticos, infraestructura rural limitada y problemas de seguridad que reducen la competitividad del agro. La ausencia de políticas sectoriales claras y el exceso de intermediación encarecen los precios para el consumidor final.

Seguridad y política exterior: dos frentes urgentes

Uno de los mayores desafíos para De la Espriella será recuperar el control territorial y la confianza ciudadana en materia de seguridad. El balance de la administración saliente, basado en informes oficiales del DNP, la DIAN y los ministerios, señala que la política de «paz total» no logró eliminar a los grupos armados ni desmantelar las economías ilícitas. Por el contrario, según el análisis, esta estrategia contribuyó a la consolidación de estas organizaciones y al surgimiento de nuevas formas de criminalidad local. En el plano internacional, el nuevo presidente deberá recuperar la carrera diplomática, fortalecer los lazos con Estados Unidos y la Unión Europea, gestionar los flujos migratorios regionales, atraer inversión extranjera y posicionar a Colombia en la agenda climática global. El éxito del gobierno de Abelardo de la Espriella dependerá de su capacidad para convertir los avances sociales en políticas de Estado permanentes, evitando caer en la polarización y los discursos de odio que han marcado la vida política reciente.

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