**Abelardo de la Espriella gana la presidencia: Colombia da un giro a la derecha tras Petro**

Compartir en redes sociales

El abogado Abelardo de la Espriella, un outsider de 48 años que irrumpió en la escena política como debutante, se convirtió en el presidente número 48 de Colombia tras ganar la segunda vuelta electoral. Nacido en Bogotá pero criado en Montería, Córdoba, y portador de las nacionalidades colombiana, estadounidense e italiana, el nuevo mandatario asumirá el cargo el próximo 7 de agosto, marcando un giro contundente hacia la derecha después de cuatro años del proyecto progresista de Gustavo Petro, cuyo mandato quedó empañado por escándalos de corrupción.

La victoria de De la Espriella capitalizó el profundo inconformismo ciudadano y se sustentó en una campaña centrada en tres ejes: seguridad, crecimiento económico y una reforma profunda del Estado. Con 13 propuestas clave en su plan de gobierno, el presidente electo promete implementar nada menos que 90 decretos el mismo día de su posesión, un paquete de medidas que busca transformar de inmediato las bases del país. En materia de seguridad, una de sus metas más ambiciosas es la destrucción de 330.000 hectáreas de coca mediante fumigación aérea, retomando una estrategia que había sido cuestionada por la administración saliente.

Un plan de choque para refundar el Estado

El plan económico de De la Espriella incluye un ajuste fiscal inicial de 70 billones de pesos para refinanciar la deuda pública y un plan de choque de 10 billones de pesos para sanear las deudas del sistema de salud. Su objetivo es alcanzar un crecimiento anual del 7%, para lo cual impulsará el fracking y la exploración petrolera, buscando la soberanía energética del país. Como parte de la prometida reforma del Estado, se propone reducir su tamaño en un 40%, lo que implicará la eliminación de entidades y la fusión de ministerios. Además, plantea la construcción de 10 megacárceles de máxima seguridad para enfrentar el hacinamiento y la crisis carcelaria.

En el ámbito social, el nuevo mandatario ha anunciado un ambicioso programa de créditos para vivienda propia con una tasa fija del 2% anual a 30 años, así como créditos del Icetex al 2% a 10 años con período de gracia, buscando facilitar el acceso a la educación superior. También se comprometió a capacitar a 200.000 cuidadoras en un programa social, y a reducir la violencia contra la mujer en un 30% y los feminicidios en un 40%. Para el campo y la empresa privada, ofrecerá créditos a una tasa del 8,7% anual, en un intento por dinamizar la economía real.

Política exterior de puertas adentro y fin de la Paz Total

En el plano internacional, De la Espriella ha anunciado una política de no salir de Colombia durante su mandato, delegando la diplomacia a su canciller o a su vicepresidente, José Manuel Restrepo. No descarta el retiro del país de la ONU y la OEA, aunque sí ha confirmado que restablecerá relaciones con Israel, rotas durante la administración de Petro. El presidente electo cuenta con el respaldo explícito de líderes internacionales como Donald Trump de Estados Unidos, Giorgia Meloni de Italia y Boris Johnson del Reino Unido, y su plan de gobierno se apoya en la “seguridad democrática” del expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Una de las decisiones más radicales será el fin inmediato del modelo de Paz Total impulsado por el gobierno saliente. De la Espriella ha sido tajante: no negociará con grupos armados, a la vez que ha manifestado su apoyo al porte legal de armas para ciudadanos con capacidad demostrada. En materia de lucha contra la corrupción, creará un Bloque Anticorrupción liderado por su propio despacho y usará tecnología blockchain para garantizar la transparencia en la contratación pública, mientras promueve el “capitalismo popular”, un modelo en el que los empleados se conviertan en accionistas de sus empresas.

El triunfo de De la Espriella se inscribe en una tendencia regional de giro a la derecha que ya se ha visto en Argentina, Ecuador y Perú. Sin embargo, la profunda división política del país quedó evidenciada en las urnas, y el nuevo presidente deberá gobernar para una nación fracturada, con un mandato que promete ser tan disruptivo como polémico.

Sigue leyendo