Activista afrocolombiana lee anuncios de venta de esclavos en prensa de Bogotá y Cartagena del XIX

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La activista afrocolombiana y feminista Carolina.Afrofem impactó a su audiencia al leer en voz alta anuncios originales de compraventa de personas esclavizadas publicados en periódicos colombianos del siglo XIX, como los de Bogotá, Cartagena, Cali, Popayán y Calera Argentina, para subrayar cómo la esclavitud se normalizaba en la sociedad de esa época, apareciendo en secciones dedicadas a animales y ventas cotidianas.

En su intervención, Carolina.Afrofem detalló anuncios que describían habilidades como cocinera, lavandera, enfermera o niñera, junto con datos sobre salud como «sana, sin tachas», edades precisas y precios específicos, tales como 500 pesos por una negra criolla joven, 300 pesos por un negro de 26 años, 250 pesos por una negra de 18 años en Cartagena o 200 pesos en Bogotá antes de la abolición, incluyendo ventas individuales, de embarazadas o en grupos como lotes de seis esclavos formados por dos matrimonios con hijos, o incluso hasta 440 negros.

Fortunas equivalentes a millones de pesos actuales

Para contextualizar la magnitud económica, la activista comparó esos valores con el presente: un peso de 1852 equivale aproximadamente a 841.000 pesos colombianos hoy, lo que significa que un niño tasado en 100 pesos valdría unos 84 millones, y un joven entre 300 y 500 pesos alcanzaría entre 252 y 420 millones de pesos, en contraste con los salarios de la época, donde un peón ganaba entre 1,5 y 2 reales al día, menos de 0,20 pesos, y un sirviente urbano no superaba los 16 pesos anuales, evidenciando la brutal desigualdad.

«Mucha gente nunca ha visto los anuncios de venta de esclavos, así que vamos a leer algunos para que recuerden lo horrible y lo reciente que fue la esclavitud».

Carolina.Afrofem, activista afrocolombiana y feminista

Entre los ejemplos leídos por Carolina.Afrofem se encontraban anuncios como «Venta de animales. Se vende una negra criolla joven y sin tachas, muy humilde y fiel, buena cocinera con alguna inteligencia en lavado y plancha, y excelente para manejar niños, en la cantidad de quinientos pesos», o «Se vende una negrita de catorce años, muy ágil para servir a la mano, se vende o se cambia por otra buena costurera», y «Se vende una negra recién parida y con abundante leche, excelente lavandera». Estas publicaciones variaban por región: en Cartagena, como puerto de redistribución; en Bogotá, enfocadas en habilidades domésticas; y en Cali o Popayán, para cuadrillas destinadas a minas y haciendas. Además, se mencionaron prácticas como alquileres por meses, cambios por otros servicios o recompensas de 20 pesos por capturar fugitivos.

Desmontando mitos y recordando la abolición

Este ejercicio busca revisar narrativas históricas sobre la esclavitud en Colombia, donde el Congreso de Cúcuta en 1821 prohibió el tráfico exterior y decretó la Libertad de Vientres, culminando con la Ley 21 de 1851 que ordenó la emancipación total desde 1852, aunque solo indemnizó a los propietarios, recordando que la trata fue un hecho real, masivo y considerado normal hasta fechas recientes.

«Yo sé que leer esto es muy chocante, es muy triste, pero creo que tenemos que hacerlo como un ejercicio para aterrizar un poquito que esto fue algo real, que fue algo masivo, que la gente lo consideraba normal, que la gente lo hacía».

Carolina.Afrofem, activista afrocolombiana y feminista

«Y para acabar con este mito del buen amo, eso no existe. Si una persona es dueña de otra persona, es una mala persona y me parece inmoral querer ponerle matices a eso. Ellos no eran como de la familia, no. Ellos los vendían como animales y los trataban como animales».

Carolina.Afrofem, activista afrocolombiana y feminista

La lectura de Carolina.Afrofem no solo conmociona por su crudeza, sino que invita a una reflexión profunda sobre las raíces de las desigualdades persistentes, cuestionando romanticismos históricos y reafirmando la necesidad de confrontar el pasado para construir un futuro más justo en Colombia.

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