Compartir en redes sociales

Adiós a “El Malo”

Por HERNÁN LÓPEZ AYA*

Tengo varios recuerdos valiosos que involucran el nombre del, tal vez, salsero más importante de la historia: Willie Colón.

Al tratar de llegar al primero, de 1986, aparecen imágenes de una fiesta por allá en una casa de mi viejo barrio, a la que asistí gracias al sorpresivo permiso de mis papás, quienes, en esa época, no me dejaban salir solo ni a la esquina.

Borrosas, recuerdo una sala grande, varios adolescentes reunidos y yo tratando de estrenar mis “pasos prohibidos” porque, recientemente, mi mamá había logrado dar las últimas punzadas de sus clases de baile, esas que tuvieron como principal objetivo poder llevar el paso, de manera decente, y al ritmo de “La Empanadita”, de Calixto Ochoa.

Fue, si no estoy mal, la primera fiesta a la que asistí, fuera de mi casa, y la primera en la que bailé “Gitana”, canción de 1983 incluida en el álbum “Tiempo pa’ matar”; es decir, me la gocé como se debe tres años después de su lanzamiento.

De ahí en adelante, mi vida musical sufrió un bache, que fue influenciado por lo que se escuchaba en mi casa, y la salsa desapareció de mi espectro durante dos años. Sin embargo, por cuestiones del destino y por la necesidad de relacionamiento “masculino – femenino”, el ritmo recuperó su camino y con él llegaron mis ganas de “meterle salsa” a todo. Y pues claro: con la comandancia de Colón.

Sus canciones, entre lo que escribió, cantó y produjo, se apoderaron de todo lo posible y relacionado con las palabras gozadera, rumba, baile y disfrute. La curiosidad por escuchar más de su música, me lleva al segundo recuerdo, tremendo, que también tiene imágenes borrosas, sonidos distorsionados y mi primera experiencia “en vivo”. A finales de los 80, en el Festival de la Cerveza, en Bogotá, reconocí los pitos del trombón de Colón. En una misma tarima, si mal no recuerdo, además de “El Malo” estuvieron Celia Cruz, Joe Arroyo y el Grupo Niche. La emoción fue indescriptible, al igual que la compañía porque, por esos días, con mis amigos de infancia invadimos los fueros de un pequeño parche del barrio “Centro Nariño” y sus amigas se volvieron “nuestras amigas”. Ellas decidieron ir con nosotros al evento.

Unos años después, permití que mi vida universitaria estuviera acompañada de más salsa y, en los bailaderos del centro de la capital, recibí el diploma de “danzarín de buenas intenciones y sin zapatos blancos”. Esta fue la autorización dada a la obra de Colón, para que me hiciera caer en cuenta de que, además de su creación, existía un universo de innumerables realidades paralelas y no paralelas que demostraban, segundo a segundo y nota a nota, que esa mezcla creada en la década de 1970, con un montón de ritmos, no iba a desaparecer con el paso de los años y, por el contrario, sería cada vez más fuerte. Este es el tercer recuerdo.

Muchas fiestas y muchos paseos. En uno de ellos decidimos, con mi amigo Camilo Moreno, adoptar “Te están buscando”, cantada por Rubén Blades, como nuestro himno oficial de la pachanga. Abrazado por Baco y sus elíxires, “El Orejón” solía exclamar, en el fragor del combite, cuatro palabras dictatoriales que impulsaban la rumba: “Nancho, coloque el himno”. La frase fue “voz y ley”, en materia “salsística”, y durante muchos años. Hermoso cuarto recuerdo.

El quinto, entre muchos pero no menos importante, fue el que, por rebote, se convirtió en una declaración de amor, más implícita que definida, y por concordancia de gustos. Con mi esposa, decidimos que nuestra primera canción como casados sería “Nuestro sueño”. En el “bodorrio” no hubo vals oficial (solo lo zapatearon los suegros). Simplemente, dejamos que el trombón de Colón y las letras de la hermosa canción sellaran como tradición ese hermoso momento, a la hora de inaugurar el baile. 

Un sexto momento fue la ñapa que Colón y Blades me dieron en un concierto en el estadio El Campín. Ellos decidieron interpretar sus éxitos en conjunto e hicieron un pequeño homenaje a Héctor Lavoe. Muchos pedimos “a grito herido” que tocaran “La Murga”, momento que, según la idea del toque, no sería posible porque esa canción fue cantada por Lavoe. Al final, las luces fueron encendidas y fuimos abandonando el recinto, sin haber conseguido que nuestra presión diera frutos. No obstante, mientras que atravesábamos las diferentes salidas, la vida nos dio una sorpresa y, en el fondo del ambiente, se escuchó el fuerte pito de un trombón con las primeras notas de nuestra petición. Todos nos devolvimos, corriendo, y pudimos disfrutar de 15 gloriosos minutos de “Murga”. ¡Qué recompensa! 

Y los momentos siguen y siguen… 
De Colón (de lo que hizo) me queda un sinnúmero de situaciones muy alegres, divertidas, sabrosas, entrañables. Y claro: canciones preferidas.

Para mí, estas son las cinco mejores:

  1. Tiempo pa´ matar – 1983
  2. Mi sueño – 1981
  3. Te están buscando (la canta Rubén Blades) – 1981
  4. Triste y vacía (la cantó Héctor Lavoe) – 1983
  5. Oh, qué será? – 1981

También queda la tristeza de su partida. Los grandes ídolos de la salsa se están yendo. Y creo que es misión, de quienes la escuchamos, mantenerla vigente y seguir disfrutándola sin restricciones o creencia alguna. 

El duelo habrá que hacerlo… Por lo pronto, no queda más que darle las gracias y decirle adiós a “El Malo”.

*Comunicador Social y Periodista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano con 26 años de experiencia en televisión y Oficinas de Comunicación. Fue jefe de emisión del fin de semana en RTVC NOTICIAS. Ganador del premio de periodismo Álvaro Gómez del Concejo de Bogotá en 2016. Bloguero de KIENYKE durante varios años.


@HernanLopezAya

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

Sigue leyendo