Todo parece indicar que la situación en Aerocafé sigue enrarecida tras la crisis desatada en febrero con la renuncia del entonces gerente del proyecto, Fernando Merchán Ramos. Su nombramiento ahora como cabeza de la Unidad de Gestión del Patrimonio Autónomo, es decir, la dependencia oficial que controla la fiducia que administra los recursos para la construcción de la obra, lejos de generar cohesión, ha profundizado las divisiones entre los actores del proyecto.
Esto quedó en evidencia el pasado viernes, cuando después de un evento en los terrenos de la futura pista de Palestina, y del cual llegaron a los medios informativos dos comunicados con versiones distintas de lo ocurrido. La Gobernación de Caldas lo presentó como un encuentro institucional para fortalecer la gestión y la transparencia, mientras que la Unidad de Gestión del Patrimonio lo definió como la presentación de su nuevo gerente ante empresarios interesados en el proyecto.
Mal augurio para un proceso que debería estar marcado por la unidad y la coordinación, no por protagonismos y narrativas paralelas. Si cada parte sigue “cacareando” por su lado la transparencia y la solidez del proceso, el mensaje que se envía es de incertidumbre, no de confianza.
Trabajo en equipo o fracaso asegurado

El mayor favor que pueden hacerse la Asociación Aeropuerto del Café (conformada por la Gobernación de Caldas, las alcaldías de Manizales y Palestina, Inficaldas e Infimanizales) y la Unidad de Gestión del Patrimonio Autónomo es superar sus diferencias y alinearse en un propósito común: hacer realidad este aeropuerto.
El contexto es favorable. Este gobierno, que al inicio parecía darle la espalda al proyecto, terminó respaldándolo con dos documentos CONPES, cerró financieramente la obra bajo la gestión de Merchán y autorizó las vigencias futuras mediante el CONFIS. La plata está garantizada: 850 mil millones de pesos listos para contratar las empresas constructoras. Lo último que se necesita ahora es una disputa por el control de esos recursos.
Si de verdad los mueve la región y no sus intereses personales, deberían enfocarse en concretar el aeropuerto en vez de convertirlo en un nuevo campo de batalla política.
El papel de Osorio

Según una fuente cercana al proceso, el verdadero salvavidas de Aerocafé ha sido el representante a la Cámara Santiago Osorio. Su cercanía con el presidente Gustavo Petro fue clave para que la decisión final quedara en manos de la gente y no de los vaivenes políticos.
Esto, sin embargo, le costó un distanciamiento con su primo y exalcalde de Manizales, Carlos Mario Marín, quien apostó todas sus fichas al respaldo del Gobierno Nacional para la Línea 3 del Cable Aéreo. En su afán por conseguir apoyo, llegó a calificar
Aerocafé como un capricho de las élites regionales.
Mientras los políticos se cruzan acusaciones, la pregunta sigue en el aire: ¿cuándo despegará, de una vez por todas, el Aeropuerto del Café?
Malas señales
La semana pasada, la Comisión Sexta del Senado, a instancias del senador Guido Echeverri Piedrahita, puso sobre la mesa un debate clave para la región: la renovación por 30 años más de la concesión de Autopistas del Café. Ante la Ministra de Transporte, María Fernanda Rojas, Mantilla, y el Presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), Oscar Javier Torres, quedó en evidencia el profundo malestar de la comunidad caldense.
La molestia no es gratuita. La propuesta del concesionario – presentada a través de un

tercero – plantea destinar el 75% de los recaudos de los peajes de Caldas a financiar la construcción del corredor Calarcá-La Paila, una vía estratégica para Bogotá-Buenaventura, pero ajena a los intereses del departamento. En otras palabras, los caldenses seguirían pagando, pero la inversión se iría a otra parte.
El rechazo fue unánime. Manizales, Chinchiná y varias veredas de la región llevan años soportando un “cerco” vial con los peajes de Las Pavas, San Bernardo y Santágueda. Por eso, la exigencia de quienes participaron en el debate fue clara: eliminarlos por completo.
Divorcio con las comunidades

Si algo dejó en a la vista esta discusión es la desconexión entre las autoridades locales y el clamor ciudadano. Mientras en el Congreso se defendía la eliminación total de los peajes, el Gobierno de Caldas y la Alcaldía de Manizales, junto con el sector empresarial, se han limitado a pedir la desaparición de uno solo.
La clase política tampoco ha estado a la altura. Con excepción del senador Guido Echeverri y los representantes Santiago Osorio y Juan Sebastián Gómez, los demás
congresistas caldenses han brillado por su ausencia en este debate. El movimiento cívico que desde hace más de un año lucha contra una concesión que no es equitativa con la región ha contado con más apoyo en la calle que en el Capitolio.
Mientras tanto, los peajes siguen ahí, afectando la movilidad y golpeando el bolsillo de quienes transitan a diario por estas vías. La pregunta es si la voz de la gente logrará imponerse sobre los intereses de la concesión o si, una vez más, los caldenses terminarán pagando una factura que no les corresponde.
Dirigencia dividida y comunidad ignorada
Si algo dejan en claro los recientes debates sobre Aerocafé y la renovación de la concesión de Autopistas del Café es que la dirigencia regional sigue atrapada en su propia burbuja, más preocupada por el control de los recursos que por atender las necesidades reales de la gente.
Por un lado, en el proyecto del aeropuerto, las disputas de poder entre la Gobernación de Caldas y la Unidad de Gestión del Patrimonio Autónomo han convertido lo que debería ser una obra estratégica en un escenario de egos y protagonismos. Se pelean por administrar un dinero que ya estuvo en manos de la región y que, por falta de gestión y visión, terminó enredado en promesas incumplidas y cambios de dirección.
Por otro lado, el tema de los peajes muestra con claridad la desconexión de las autoridades con la ciudadanía. Mientras la gente exige la eliminación total de los cobros que cercan a Manizales y afectan su movilidad, los gobiernos local y departamental apenas piden el desmonte de uno solo. Y los congresistas caldenses, salvo unas pocas excepciones, parecen más interesados en no incomodar al poder central que en defender los intereses de sus electores.
Al final, las viejas prácticas siguen intactas: disputas internas por el control de los fondos, acuerdos tibios con el Gobierno Nacional y una comunidad que, una vez más, queda relegada a ver desde la barrera cómo se toman decisiones que afectan su futuro sin que su voz sea realmente escuchada.
Candidatos para la Cámara de Comercio
Juan José Silva, quien trabajó hasta ayer como Gerente de People Contact, figura ahora como candidato para ser Presidente de la Cámara de Comercio de Manizales, entidad que a través de una firma de cazatalentos, buscará quien reemplace a Lina María Ramírez, quien renunció al cargo. Silva fue reconocido por el Rector de la Universidad de Manizales, Duván Emilio Ramírez, quien dijo en la emisora de su universidad, que por sus ejecutorias en

Cotelco, Fenalco y otras entidades de la ciudad y el país, “es un ejecutivo importante para ser tenido en cuenta en cargos importantes para la ciudad”.
En la baraja de candidatos también aparece la directora de Manizales Más, Marcela escobar, aunque también hay quienes dicen que podrían buscar un personaje traído de otro lado con ejecutorias importantes, para colocarlo allí.
¿Saldrán más funcionario de la alcaldía?
El alcalde Jorge Eduardo Rojas dijo que podría darse la salida de nuevos funcionarios de su administración, sin dar a conocer nombres de los posibles candidatos a terminar su vinculación con la administración municipal. Sin embargo, se dice que varios de ellos se encuentran fatigados por el mucho trajín y las exigencia en su labor diaria. Muy pronto se sabrá si lo dicho por el Alcalde, se convierte en realidad.
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