La contienda vicepresidencial de cara a la segunda vuelta del 21 de junio dio un giro inesperado este miércoles 10 de junio, cuando la candidata Aida Quilcué, fórmula de Iván Cepeda, decidió no asistir al debate organizado por Portafolio, Canal 1 y Acento Colombia, dejando sola a su contraparte, José Manuel Restrepo, quien acompañó a Abelardo de la Espriella en la contienda electoral. Minutos antes del encuentro, Quilcué publicó un mensaje en su cuenta de X en el que justificó su ausencia alegando que no participaría en lo que denominó un «juego sucio y racista» por parte de su adversario, desatando una polémica que marca la recta final del periodo electoral para el cuatrienio 2026-2030.
La senadora y líder indígena explicó que su decisión se basó en las declaraciones que Restrepo habría hecho sobre ella en una entrevista previa con Eva Rey, a las que calificó como una muestra de actitud racista y superioridad. «Señor José Manuel Restrepo, si en los ‘debates’ se va a expresar como lo hizo sobre mí en la entrevista con Eva Rey, ahí tiene su respuesta con mucho respeto. Usted no quiere debatir; quiere fanfarronear la ‘superioridad’ que cree tener, y eso es muy diferente», escribió Quilcué en la red social. En un segundo mensaje, la candidata añadió que no le interesaba caer en ese juego y que prefiere debatir «directamente con el pueblo», convocando a miles de colombianos en todo el país, una estrategia que contrasta con la asistencia solitaria de Restrepo al foro.
La respuesta de Restrepo y el vacío en el debate
José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda y actual fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella, se presentó al debate como estaba previsto y, al no tener contrincante, aprovechó el espacio para responder a las acusaciones de Quilcué. En una serie de declaraciones tanto durante el evento como posteriormente en redes sociales, Restrepo rechazó categóricamente las imputaciones de racismo y defendió la importancia del debate de ideas en una democracia. «Aida, le respondo con el mismo respeto con el que siempre me he dirigido a usted. Nunca he cuestionado su origen, su identidad ni las comunidades que representa. He cuestionado sus ideas y sus posiciones públicas, que es precisamente lo que ocurre en una democracia», afirmó el candidato.
Restrepo fue más allá al calificar la actitud de Quilcué como una forma de victimización que empobrece el debate público. «Convertir cualquier diferencia política en una acusación de racismo no fortalece el debate; lo empobrece», señaló, añadiendo que Colombia necesita menos agravios personales y más discusión de propuestas concretas en temas como seguridad, empleo, educación y oportunidades. «Mientras usted lanza acusaciones en redes, vuelve a dejar una silla vacía en un debate al que los colombianos esperaban verla asistir», concluyó Restrepo, haciendo referencia directa a la ausencia de su contrincante.
Contexto de una campaña marcada por la tensión
La negativa de Quilcué al debate no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un clima de creciente tensión entre las fórmulas presidenciales y vicepresidenciales. Iván Cepeda, candidato presidencial, también se ha negado a debatir con Abelardo de la Espriella, especialmente tras las reiteradas invitaciones de Restrepo para confrontar ideas antes de la segunda vuelta. Este distanciamiento entre los equipos de campaña ha generado críticas sobre la disposición al diálogo de la fórmula de Cepeda, que ha preferido centrar su estrategia en el contacto directo con las comunidades.
En medio de la controversia, han resurgido en redes sociales declaraciones de 2022 donde Quilcué explicó que completó estudios hasta octavo grado de bachillerato, un dato que ha sido utilizado por sus detractores para cuestionar su trayectoria académica. La líder indígena, sin embargo, ha defendido su formación a través de la experiencia política y el trabajo comunitario, argumentando que su origen y su conocimiento de las realidades del país diverso la legitiman para ocupar el cargo. A menos de dos semanas de la segunda vuelta, el vacío dejado por Quilcué en el debate y el intercambio de acusaciones marcan una campaña en la que el diálogo directo parece ceder paso a la confrontación en redes sociales.












