Proyecciones del IDEAM y Cenicafé advierten sobre el riesgo de estrés hídrico en una región donde casi 4 de cada 10 hectáreas cultivables están sembradas en café
Conozca las claves técnicas para mitigar el impacto en la cosecha
La caficultura del Eje Cafetero y el Tolima entró en una fase crítica de prevención. De acuerdo con las más recientes proyecciones agrometeorológicas del IDEAM y el Grupo Cibest (consignadas en el Panorama del Sector Caficultor), los departamentos que integran la Región Administrativa y de Planificación (RAP) Eje Cafetero enfrentarán una drástica reducción en el régimen de lluvias de cara al Fenómeno de El Niño 2026-2027.
El panorama sitúa al Tolima como el segundo departamento del país con mayor afectación proyectada, registrando una caída estimada del 52 % en sus precipitaciones. En la misma línea de riesgo se ubican Quindío, Risaralda y Caldas (ocupando el tercero, cuarto y quinto lugar a nivel nacional), donde se prevé una disminución de las lluvias en torno al 50 %.
La advertencia encendió las alarmas de la RAP Eje Cafetero, teniendo en cuenta que casi cuatro de cada diez hectáreas agrícolas de la región corresponden al grano insignia. El déficit de agua no solo amenaza la supervivencia vegetativa de los arbustos, sino el volumen y la calidad física y de taza de la cosecha.
Radiografía del estrés hídrico: de la flor al grano
Con base en los reportes técnicos de Cenicafé, el incremento térmico y la escasez de agua impactarán de manera diferenciada cada fase del ciclo productivo:
- En la planta: Las parcelas a libre exposición solar y en suelos arenosos o livianos serán las primeras en resentirse. Al superarse el umbral de los 26 °C, el cafeto activa un mecanismo biológico de defensa que frena la fotosíntesis y el crecimiento, provocando el secamiento o atrofia de las floraciones y la muerte de rebrotes en lotes zoqueados.
- En el fruto: El déficit de humedad impide el llenado normal de la cereza, disparando el porcentaje de frutos vanos, negros y averanados, lo que castiga de forma directa el peso del grano recolectado.
- En el beneficio y secado: La menor disponibilidad de agua complica el despulpado y abre la puerta a fermentaciones descontroladas. A su vez, temperaturas extremas en los secaderos solares inducen la cristalización o sobresecado de la almendra, arruinando su perfil sensorial.
Las tres directrices de Cenicafé para blindar el cultivo
Frente a este escenario, los expertos agronómicos insisten en que la anticipación técnica evitará pérdidas económicas irreversibles para las familias caficultoras. El plan de manejo se concentra en tres medidas urgentes:
- Conservación y coberturas del suelo: Proteger la humedad residual del terreno mediante el establecimiento de sombríos transitorios (como tefrosia o guandul) en renovaciones y siembras jóvenes, sumado al mantenimiento riguroso de coberturas muertas (hojarasca, ramillas y residuos) para bajar la temperatura superficial y mitigar la evaporación.
- Nutrición bajo la «regla de los 40 mm»: Queda contraindicado fertilizar durante picos secos. Cenicafé recomienda dividir el plan de fertilización (50 % primer semestre y 50 % segundo semestre) únicamente en ventanas efectivas de lluvia. El caficultor deberá corroborar en los boletines meteorológicos locales que hayan caído al menos 40 mm acumulados de precipitación durante los diez días previos a la aplicación.
- Recolección selectiva y beneficio riguroso: Con una tasa previsiblemente mayor de frutos defectuosos, la cosecha debe priorizar solo el grano en óptimo estado de maduración. En el beneficiadero, ante caudales reducidos, se sugiere procesar lotes separados y vigilar con cronómetro los tiempos de fermentación y secado para proteger la calidad.
Fuente: PAP Eje Cafetero










