En una decisión que marca una nueva etapa en su relación con el Ejecutivo, el partido Alianza Verde se declaró en independencia frente al gobierno del presidente Abelardo de la Espriella. La determinación fue adoptada mediante una votación mayoritaria de las bancadas en el Congreso de la República, pese a la solicitud expresa de ocho congresistas que buscaban declararse en oposición, un pedido que finalmente no prosperó. La colectividad anunció su nuevo rol político a través de un comunicado oficial, explicando que la independencia responde a sus principios, estatutos y compromisos con la ciudadanía.
La decisión interna deja en evidencia una fractura dentro del partido, y un grupo minoritario de ocho legisladores, entre los que se cuentan figuras como el representante a la Cámara Santiago Osorio, el senador Ariel Ávila y la representante Alejandra Gabriela Abásolo, se mostró en desacuerdo con la postura de la mayoría. Osorio, en declaraciones a medios, confirmó que «solicitamos al partido declararse en oposición, pero hemos tenido una pérdida, digamos, bastante amplia. Solo ocho votamos esta posibilidad de declararnos en oposición frente al autoritarismo que ya se empieza a ver por parte de este Gobierno». La minoría considera que el gobierno de De la Espriella, al que califican como de derecha, atenta directamente contra los principios fundacionales del partido, como la protección ambiental, los derechos de las minorías y la transparencia.
Las razones de la independencia y el disenso interno
En su comunicado, el partido Alianza Verde explicó los alcances de su nueva posición política. «Desde la independencia, acompañaremos las iniciativas que coincidan con estos principios y beneficien al país; presentaremos alternativas cuando existan mejores caminos y ejerceremos un control político y vigilancia al poder», afirmó la colectividad, subrayando que se opondrá a cualquier decisión que represente un retroceso para los derechos, la democracia y la dignidad. El partido aseguró que defenderá el Estado social de derecho, el equilibrio de poderes, las libertades y la paz, estableciendo una línea de acompañamiento crítico más que de alineación incondicional con el Ejecutivo.
Sin embargo, la postura de los congresistas disidentes es radicalmente distinta. El senador Ariel Ávila fue enfático al declarar: «Queremos dejar claro que nosotros, los parlamentarios Alejandra Abásolo, Santiago y yo, vamos a hacer una oposición frente al Gobierno de Abelardo de la Espriella». En esa misma línea, Osorio, a través de su cuenta en X (antes Twitter), lanzó una fuerte crítica a la decisión del partido, señalando que «las banderas verdes nacieron para defender la vida, las libertades, la democracia, la paz y el derecho a pensar diferente. Si esas banderas sirven únicamente cuando gobernamos nosotros, entonces nunca fueron principios: fueron utilitarismo electoral. No llegamos a la política para acomodarnos frente al poder». Los disidentes argumentan que el gobierno actual impulsa políticas como el fracking y cambios en la consulta previa, que consideran perjudiciales y contrarias a los ideales del movimiento.
«No solo es un Gobierno que está en contra de los derechos fundamentales, que se pasea con total normalidad por los cadáveres, como lo hemos visto en las últimas horas, y que este partido esperamos, a través de algunos congresistas, no vaya a ir a coquetearle al Gobierno nacional»
Santiago Osorio, Representante a la Cámara
La decisión de la mayoría de la Alianza Verde de optar por la independencia, en lugar de la oposición, deja al partido en una posición de expectativa frente a las iniciativas del gobierno de Abelardo de la Espriella. Mientras la colectividad se prepara para un rol de vigilancia y apoyo crítico, los ocho congresistas disidentes ya han anunciado que ejercerán una oposición frontal. Este cisma interno revela las profundas diferencias sobre cómo relacionarse con un Ejecutivo que, para uno de sus sectores, amenaza los pilares históricos del movimiento verde, desde la defensa de los derechos humanos hasta la protección del medio ambiente, y que promete mantener en vilo el debate político en el Congreso. La independencia, en lugar de pacificar las aguas, parece haber abierto una nueva brecha en la colectividad, que ahora deberá navegar entre el disenso interno y su relación con el poder central.










