Análisis territorial del impacto del sismo en Caldas para orientar la recuperación: Boletín CALDATA

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El sismo registrado en Caldas el 10 de agosto de 2026 no puede evaluarse únicamente por la cantidad de daños reportados. Un nuevo boletín estadístico elaborado por CALDATA examina las afectaciones en los 27 municipios del departamento y propone una lectura territorial que permite identificar no solo dónde se concentraron los daños, sino también qué proporción representan respecto al tamaño de cada municipio.

El informe identifica pérdidas en hogares, viviendas, infraestructura educativa, servicios esenciales y otros equipamientos. En términos absolutos, Manizales concentra una porción relevante de los daños, especialmente en hogares afectados, personas heridas y fallecidas, así como en viviendas urbanas averiadas y destruidas. Según el boletín, la capital registró 9.124 de las 22.469 familias afectadas, 10.008 viviendas urbanas averiadas y 1.505 destruidas.

Sin embargo, al relacionar las afectaciones con el número de hogares, viviendas e infraestructura disponibles en cada municipio, la perspectiva cambia. Esta metodología permite medir la intensidad territorial del impacto y estimar qué fracción de los recursos habitacionales e de infraestructura de cada zona quedó comprometida.

El Índice Sintético de Intensidad Territorial, elaborado por CALDATA, sitúa a Belalcázar, San José y Viterbo en los primeros lugares, con 87,0, 73,2 y 60,5 puntos, respectivamente. El índice se elabora a partir de seis indicadores vinculados con hogares afectados, viviendas averiadas y destruidas, tanto urbanas como rurales, y centros educativos rurales afectados.

Los resultados indican que cada municipio presenta una combinación distinta de afectaciones. San José registra la mayor proporción de hogares afectados, con 36,1%, y de viviendas urbanas averiadas, con 29,5%. Belalcázar muestra una proporción del 4,7% de viviendas urbanas destruidas, la cifra más alta del departamento, además del 16,1% de viviendas rurales averiadas y del 3,1% de viviendas rurales destruidas. Por su parte, Viterbo registra la mayor proporción de viviendas rurales destruidas, con 4,0%.

La infraestructura educativa también presenta diferencias relevantes entre los territorios. Aranzazu registra afectaciones en el 100% de sus centros educativos rurales, mientras que Norcasia alcanza el 94,1%, Belalcázar el 90,0% y La Merced el 83,3%. A nivel departamental, la proporción de centros educativos afectados llega al 36,7%.

Esta lectura permite entender que la emergencia no presentó las mismas características en todo el departamento. Mientras los valores absolutos señalan dónde se concentra el mayor volumen de daños y, por tanto, permiten dimensionar las necesidades de atención, los indicadores relativos muestran qué tan significativa fue la afectación frente al tamaño de cada territorio.

El contraste es particularmente visible en Manizales. Aunque la capital agrupa 9.124 de las 22.469 familias afectadas, el índice de intensidad territorial la coloca en 12,0 puntos, en la posición 21 de 27 municipios. Esto no implica que sus daños sean menores en términos absolutos, sino que representan una proporción menor respecto al tamaño de sus hogares, viviendas e infraestructura disponible.

“El boletín introduce un índice sintético de intensidad territorial, una herramienta metodológica explicada paso a paso que resume de manera comparativa qué tan severamente fue afectado cada municipio según el peso relativo de sus daños. Los lectores podrán identificar cómo se posicionan los diferentes territorios en esta escala y descubrir por qué los municipios de mayor tamaño absoluto, como Manizales, ocupan posiciones distintas en términos de intensidad relativa frente a los municipios más pequeños”, informó Mauricio Parra Céspedes, jefe de la Unidad Analítica de Datos de la Secretaría de Planeación.

El índice, sin embargo, tiene un alcance específico: es una herramienta descriptiva para comparar la intensidad territorial y no constituye una medición de pérdidas económicas, pobreza, vulnerabilidad social ni de las necesidades totales de reconstrucción. Además, asigna el mismo peso a los seis componentes que lo integran, por lo que sus resultados deben interpretarse junto con los indicadores individuales.

De esta manera, el análisis de CALDATA aporta una lectura complementaria de la emergencia: las cifras absolutas permiten dimensionar el volumen de daños y las necesidades de atención, mientras que la intensidad relativa facilita reconocer las particularidades de cada municipio. Esta información se convierte así en un insumo para el seguimiento de la recuperación y para orientar las acciones institucionales de acuerdo con las condiciones específicas de cada territorio.

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Mauricio Parra Cespedes, Jefe de la Unidad Analítica de Datos de la Secretaría de Planeación.

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