Analistas desmienten a Petro: reducción de deuda externa fue por caída del dólar

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Una controversia de primer orden se ha desatado en el ámbito económico colombiano tras los recientes anuncios del presidente Gustavo Petro y del Gobierno nacional sobre una supuesta reducción histórica de la deuda externa. Mientras el Ejecutivo, encabezado por el director de Crédito Público, Javier Cuéllar, sostiene que la deuda externa pasó del 42% al 25% del total del endeudamiento del país, analistas y exfuncionarios de alto nivel rebaten con vehemencia esa versión, asegurando que la disminución es un espejismo estadístico causado por la caída del dólar y que, en realidad, la deuda total sobre el Producto Interno Bruto (PIB) no solo no bajó, sino que alcanzó niveles críticos no vistos desde finales de los años noventa.

El presidente Petro afirmó que «hemos reducido la deuda externa del 42% al 25% de la economía. Ahora somos menos vulnerables que nunca ante las crisis económicas del mundo». Por su parte, Javier Cuéllar respaldó esa tesis señalando que «Colombia registró una reducción histórica en su deuda externa. Esta disminución refleja un cambio en la estrategia de endeudamiento del país y una menor exposición frente a riesgos internacionales». Sin embargo, las cifras presentadas por los críticos pintan un panorama muy distinto. Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia de Alianza Valores y Fiduciaria, explicó que entre agosto de 2022 y mayo de 2026, la deuda pública interna aumentó en 357 billones de pesos, mientras que la deuda externa, medida en pesos, creció en 37 billones. La clave, según Campos, está en el comportamiento del dólar, que pasó de 4.532 a 3.676 pesos durante el periodo analizado. «El indicador bajó solito del 41% al 32% con la caída del dólar», afirmó, desmontando así el argumento de una gestión exitosa.

Una estrategia de alto costo

Las objeciones no se quedan ahí. Felipe Campos calculó que la estrategia gubernamental de reducir la exposición externa generó una pérdida realizada de 17 billones de pesos: 12 billones por la caída del dólar sobre un principal que, según sostiene, se pudo haber mantenido en moneda extranjera, y 4 billones adicionales por haber pagado tasas de interés más altas. «Si eligieron la más cara y estuvieron de malas que el dólar siguió cayendo. Fue todo menos un acierto», remató. Andrés Felipe Londoño, exsuperintendente Financiero de Colombia, fue aún más contundente al precisar que la deuda externa representa actualmente el 19,7% del PIB —no el 25%— y que la deuda bruta total escaló al 65% del PIB, el nivel más elevado desde 1999. Además, señaló que la deuda interna aumentó en 386 billones de pesos desde agosto de 2022 y que, al inicio del Gobierno Petro, la deuda externa se encontraba en cerca del 22% del PIB, no en el 42% que ahora se menciona. Para el investigador Diego Montañez-Herrera, de la Universidad Eafit, la deuda total ha crecido en términos absolutos y relativos, pese a la caída relativa del componente externo.

«Fue todo menos un acierto. La pérdida realizada es de $17 billones: $12 billones por el dólar que cayó sobre un principal que pudieron dejar en dólares, y $4 billones por pagar el doble en tasas. Si eligieron la más cara y estuvieron de malas que el dólar siguió cayendo.»

Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia de Alianza Valores y Fiduciaria

El debate de fondo trasciende las cifras puntuales. Mientras el Gobierno insiste en que diversificar las fuentes de financiación y reducir la dependencia de los mercados internacionales disminuye la vulnerabilidad ante choques externos —una tesis que defienden tanto el presidente Petro como el director Cuéllar—, los analistas advierten que esa supuesta menor exposición se ha logrado trasladando el riesgo hacia el mercado local, con un costo financiero significativamente mayor. La caída del dólar, que favoreció el indicador de deuda externa, fue un fenómeno exógeno sobre el cual la administración no tuvo control. En ese sentido, la controversia no solo pone en entredicho los logros comunicados por el Ejecutivo, sino que abre interrogantes sobre la transparencia con la que se presentan las cuentas fiscales del país, en un momento en que la deuda total sobre el PIB sigue siendo una de las más altas de la región.

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