La historia de Ana María Guzmán es la de una promesa cumplida contra todo pronóstico. La lateral derecha de la selección Colombia pasó de pedir dinero para pagar pasajes de bus y vender rifas para costear su transporte a los entrenamientos, a convertirse en campeona de la Liga de Naciones Femenina 2026, el primer título oficial organizado por FIFA y Conmebol que obtiene la selección colombiana absoluta. En un giro que parece de película, la jugadora que hoy brilla en el Bayern Múnich de la Bundesliga 2 y que anotó un doblete en su primera titularidad con el club alemán, es el reflejo de la perseverancia y el sacrificio familiar que marcaron sus inicios.
Nacida en un pueblo donde el fútbol femenino no tenía respaldo, Ana María comenzó a los seis años en una particular soledad: «Yo era la única niña que jugaba fútbol en el pueblo», recordó en entrevista con Semana. Creció jugando en la calle con sus primos y primas, combinando el balón con el voleibol y el porrismo. A los 13 años, su sueño exigió un salto gigante: mudarse a Pereira, donde viviría con una familia desconocida y enfrentaría un choque cultural que recuerda con crudeza. «Me metieron a un colegio donde veía como 15 materias. En mi pueblo veía muchas menos. Hasta tenía que aprender a tocar flauta. Eso me pegó duro», confesó. La adaptación fue tan dura que durante los primeros seis meses no podía ni salir a la esquina, en contraste con la libertad de su infancia en el pueblo. Sin embargo, el apoyo de su familia fue incondicional: sus padres se mudaron a Pereira para respaldarla y sus hermanos fueron su principal motor. «Mis hermanos me ayudaron demasiado, me dieron mucha fuerza», afirmó.
Del extremo al lateral: el giro que cambió su carrera
Ana María empezó como extremo en clubes locales como Estrato Dorado FC y Club Atlético Dosquebradas, pero un día el técnico la probó en una posición distinta. «Un día me pusieron de lateral y me gustó demasiado porque podía defender y atacar. Sentía que hacía de todo», explicó. Ese cambio fue clave para su desarrollo. La jugadora, que actualmente compite en el Bayern Múnich, logró la hazaña de obtener el título de la Liga de Naciones con Colombia, que sumó 20 puntos en ocho partidos. Sin embargo, el camino hasta la élite estuvo sembrado de obstáculos económicos. «Nos tocaba vender boletas, hacer rifas o pedir ayuda a personas cercanas para conseguir lo de un pasaje», relató Ana María. Las necesidades eran tan apremiantes que muchas veces las jugadoras sacrificaban la comida: «Muchas veces nos quedábamos sin una merienda para ahorrar la plata del bus».
«Fue una infancia increíble»
Ana María Guzmán, futbolista de la selección Colombia
A pesar de las dificultades, Ana María no guarda rencor. Por el contrario, define su niñez con una frase contundente: «Fue una infancia increíble». Hoy, con el título de la Liga de Naciones en sus manos y un futuro prometedor en Europa, su historia es un testimonio de cómo la perseverancia, el apoyo familiar y la capacidad de reinventarse pueden convertir una infancia de carencias en un camino hacia la gloria deportiva. La lateral que pedía monedas para el bus ahora defiende los colores de Colombia en los escenarios más importantes del fútbol mundial.












