El expresidente Gustavo Petro y su hija menor, Antonella, abrieron las puertas de su relación familiar en una entrevista publicada el lunes 2 de noviembre de 2026 en el canal de YouTube del influenciador Andresitow, donde revelaron que la vida cotidiana de ambos quedó restringida tras el paso por la Casa de Nariño y donde la joven bachiller cuestionó sin filtro a su padre por su adicción al celular, por no pedir disculpas y por su particular forma de bailar. La conversación, grabada bajo la dinámica de preguntas y respuestas conocida como «verdad o shot», mostró una faceta inusualmente personal del actual líder de la oposición, quien reconoció que moverse por el país ya no es tan sencillo como antes.
«Salir a caminar por una acera es complicadísimo», afirmó el exmandatario al describir cómo cambió su rutina desde que dejó el poder, y añadió que actividades que antes eran habituales hoy resultan casi imposibles: «Prácticamente salir a cualquier lugar, un restaurante, que lo hacíamos mucho, al mar, que me encanta». Su hija lo interrumpió con un seco «ya no», y él completó la idea: «Ya no lo podemos hacer». El último acto público de Petro había sido a comienzos de agosto de 2026 en Soacha, con Antonella presente, y desde entonces el también exsenador se desempeña como la principal voz de la oposición al gobierno de turno.
Un padre orgulloso, una hija que pide perdón primero
La entrevista avanzó entre reproches mutuos y confesiones. Antonella le criticó a su padre que permanezca pendiente de la red social X mientras ella le habla, y él le respondió señalando sus llegadas tardías de madrugada. Cuando se le preguntó si el expresidente le ha pedido disculpas, la joven fue tajante: «Creo que nunca». Ella contó que suele ser quien pide perdón primero y describió a su progenitor como «orgulloso», aunque Petro aceptó que el orgullo excesivo no sirve de mucho. En otro momento, el exmandatario intentó defender su autoridad paterna con un «siempre te hago caso», a lo que su hija respondió con una sonrisa cómplice: «No, siempre me haces caso».
«Tengo que confesar que últimamente a quien más admiro de lo que yo he podido leer y estudiar se llama Jesús»
Gustavo Petro, expresidente de Colombia
El cara a cara también dejó espacio para la espiritualidad y la curiosidad intelectual. Antonella eligió al cantante colombiano Juan Pablo Villamil, de la banda Morat, como la persona a la que más admira; Petro, en cambio, la eligió a ella y luego sorprendió al confesar que su mayor referencia actual es Jesús, tras encontrar «un punto común entre ciencia y una religión». El exmandatario explicó que halló coincidencias entre la física cuántica y el Nuevo Testamento en conceptos como «la luz, la energía, la vida, la verdad». Los apodos tampoco faltaron: ella lo llama «Papi», él la llama «Anto», y la joven aclaró que el sobrenombre «Lord Petroski» que circula en redes no nació precisamente en el seno de la familia.
Consejos, recuerdos y un baile bajo la lupa
Los recuerdos de infancia sirvieron de contrapeso a las críticas. Petro evocó las tardes en que jugaba fútbol con perros en un prado, mientras Antonella rememoró los fines de semana en el Multiparque. La conversación también derivó hacia el barrio Bolívar 83, en Zipaquirá, Cundinamarca, cuya fundación el expresidente ayudó a impulsar y donde transcurrió parte de su niñez y adolescencia: «Cómo la gente te recibió», le dijo ella, «porque tú ayudaste a construirlo y se acuerdan de ti». Cuando tocó el turno de los consejos, el padre repitió seis veces la misma recomendación a su hija: «Leer, leer, leer, leer, leer, leer», a lo que la joven contestó con picardía que así «pierdo lo concreto». Ella, en cambio, le pidió «más amigos de corazón».
El momento más distendido llegó con el tema del baile. «Bailas hasta reguetón como si fuera porro», le espetó Antonella, quien además sostuvo que su padre baila «demasiado mal». Petro se defendió argumentando que domina el porro, que la salsa «no le sienta mal» y que se atreve con el rock, aunque admitió desconocer los ritmos modernos; su forma de moverse, dijo, le sirve «en cualquier parte del mundo». A las bromas se sumó la tecnología: la joven contó que su padre recorta mal las selfies y que en las fotos parece «un viejito utilizando el celular». Con ese tono entre afectuoso y filoso, la entrevista dejó ver a un Petro alejado de los atriles y más cerca de la intimidad familiar, en un registro que contrasta con su papel de oposición y que confirma que, para él, la Presidencia también se cobró un precio en la libertad de caminar por la calle sin que todo se convierta en un desafío.










