En un hecho que ha consternado al gremio periodístico y que las autoridades ya calificaron como un atentado contra la libertad de prensa, el periodista Cristian Herrera, de 50 años, fue asesinado a tiros por un sicario en el barrio Quinta Oriental de Cúcuta, Norte de Santander. El crimen ocurrió el sábado 6 de junio, cuando el reportero descendía de su camioneta en compañía de su esposa e hija, momento en el que un sicario le disparó, segándole la vida de manera inmediata.
Herrera, un periodista de investigación que había recibido amenazas desde 2003 y que incluso estuvo exiliado en Chile por un periodo, sobrevivió a un primer atentado en 2017. Su labor se centraba en destapar las presuntas conexiones entre políticos y estructuras criminales, las economías ilegales y los procesos de extinción de dominio en la región. La Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) confirmó el crimen, añadiendo que Herrera formaba parte de su red de corresponsales desde 2018, y que su trabajo le valió distinciones como el Premio Colprensa y el Premio Nacional Semana.
Una trayectoria marcada por la amenaza y el valor
Colegas y amigos recordaron al periodista como un hombre apasionado por su oficio. John Jairo Jácome, amigo y colega de Herrera, relató entre lágrimas la última vez que hablaron. «Necesitaba hablar con usted rápido», le dijo Herrera, pero la reunión que tenían agendada para esa semana en Bucaramanga con una fuente clave proveniente de Medellín fue cancelada por motivos de seguridad. «Si a nosotros no nos hubiesen cancelado una reunión esta semana, Cristian estuviera vivo, y eso me dan muchas ganas de llorar», expresó Jácome, quien también aseguró que Herrera era consciente del peligro que corría: «Amo mi trabajo, lo defiendo a capa y espada», solía decir el periodista, según recordó su colega.
«No hay ninguna nota que valga una vida, Cristian»
John Jairo Jácome, amigo y colega de Cristian Herrera
Andrés González, colega de Herrera en el diario La Opinión, lo describió como «un periodista de muchos datos y mucha información». Su capacidad para seguir pistas sobre bienes ilícitos y nexos entre el crimen organizado y figuras políticas lo convertía en una fuente incansable de denuncias. En su última publicación en la red social X, Herrera alertó sobre un senador de la región al que le habrían cancelado la visa estadounidense y que estaría bajo investigación de la Fiscalía. Jácome fue enfático: «Cristian lo sabía, Cristian lo estaba denunciando desde hace meses».
La periodista Karina Yudex, otra colega, relató que las reuniones que sostenían eran clandestinas y llenas de precaución. «Nos reuníamos casi a diario en lugares públicos, siempre acompañado de escoltas», explicó. Incluso, Herrera enfrentó a las autoridades con su libreta como única defensa, según una anécdota que Jácome compartió: «Usted tiene el arma, yo tengo mi libreta y mi grabadora», le dijo Herrera a un comandante de Policía.
Investigan en medio de un clima de violencia
Las autoridades ofrecieron una recompensa de hasta 100 millones de pesos para dar con los responsables del asesinato. Este crimen se suma al de Mateo Rueda, asesinado en mayo en Briceño, Antioquia, y ocurre en un contexto donde, según la organización Connectas, al menos 27 bandas criminales operan en Cúcuta, incluyendo organizaciones transnacionales como el ELN, el Tren de Aragua y disidencias de las Farc. La Defensoría del Pueblo y la Flip exigieron una investigación exhaustiva y garantías para el ejercicio periodístico en la región, donde el riesgo para los comunicadores sigue siendo extremadamente alto.












