Atlético Nacional evalúa fabricar sus propios uniformes a partir de 2027, lo que implicaría romper el acuerdo que mantiene con Nike desde 2013. La medida, aún sin confirmación oficial, surge en medio de críticas de los aficionados por la calidad y disponibilidad de las prendas de la multinacional en el mercado colombiano. El club verdolaga, uno de los que más vende indumentaria en el país, busca un nuevo modelo de confección que podría sentar un precedente para otros equipos históricos.
No es la primera vez que un club colombiano intenta producir sus propios uniformes. En el pasado, experiencias como la de Santa Fe en 2007, cuando lanzó su marca SSW (Santa Fe Sportswear), duraron apenas un año. El cardenal regresó a Puma en 2008 y luego mantuvo una relación de 13 años con Umbro. América de Cali también incursionó en la autogestión tras finalizar su vínculo con la mexicana Keuka (2004-2007): entre 2008 y 2009 fabricó camisetas bajo las marcas ASW (América Sportswear) y NAS (New América Sportswear), para luego vestir Puma entre 2010 y 2011 y recurrir a FSS (Fabricamos Su Sudadera) en su paso por la Primera B. Más reciente es el caso de Tigres FC, que tras su única temporada en primera división en 2017 (vestido por Effort), produjo sus propios uniformes con la marca Tigres TFC Diseños Deportivos desde 2018 hasta 2024, durante siete años; desde 2025 cambió a las marcas D10 y Lyon.
Un mercado en transformación
La posible decisión de Atlético Nacional llega en un contexto donde la industria del fútbol colombiano observa con atención los modelos de distribución y costos. Mientras que las marcas propias de Santa Fe y América tuvieron poco éxito comercial –la camiseta de SSW de 2007 es hoy una pieza buscada por coleccionistas–, la experiencia de Tigres demostró que es posible sostener una producción interna por varios años, aunque con un alcance limitado. En el caso de Nacional, su enorme base de aficionados y su posición como líder en ventas de indumentaria podrían cambiar las reglas del juego. Si el club opta por fabricar sus propios uniformes, no solo modificaría su relación con Nike –que data de 2013–, sino que abriría la puerta a una transformación en la forma en que los equipos colombianos gestionan su imagen y sus ingresos por merchandising. La decisión final, que debería tomarse antes de 2027, aún no está confirmada oficialmente, pero ya genera expectativa en el entorno futbolístico del país.










