Concejales de Bogotá y una psicóloga experta han lanzado una alerta sobre el incremento de suicidios consumados de niños, niñas y adolescentes en la capital del país, un fenómeno que vinculan directamente con fallas institucionales en la atención de la salud mental y la persistencia de la violencia intrafamiliar. La denuncia se fundamenta en datos oficiales de la Secretaría Distrital de Salud, que revelan un preocupante aumento de casos al pasar de 31 en 2024 a 43 en 2025. Las localidades más afectadas entre 2020 y marzo de 2026 son Ciudad Bolívar, con 16 casos; Bosa y Kennedy, con 12 cada una; y Suba, evidenciando una crisis que se concentra en los sectores más vulnerables de la ciudad.
La concejala del Centro Democrático, Diana Diago, fue una de las voces que encendió las alarmas al señalar que el problema es sistémico y requiere un abordaje integral. Diago criticó la tendencia a delegar la formación emocional exclusivamente a las instituciones educativas e insistió en el papel fundamental de los padres de familia. «Es una conversación que hay que tener e instaurar, porque hablar de salud mental no debe ser la excepción. Debe ser una regla en los colegios públicos, en los colegios privados, en los entornos universitarios», afirmó la concejala, quien propuso fortalecer la escuela de padres bajo la premisa de que «papá y mamá se tienen que involucrar en la crianza de los hijos».
Factores de riesgo y fallas en la prevención
La psicóloga Luz Mila Palacios, consultada para el análisis de la situación, detalló los múltiples factores que incrementan la probabilidad de una conducta suicida en menores. «Son muchos los factores que aumentan la probabilidad de que se presente una conducta suicida. Entre estos factores de riesgo están todos los problemas de salud mental relacionados con la depresión, la ansiedad, las experiencias de violencia, los abusos, ya sean físicos, psicológicos, emocionales, sexuales. También está el acoso escolar, los conflictos familiares, el aislamiento social y sobre todo, la ausencia de redes de apoyo», enumeró la experta. Palacios destacó que los colegios, al ser considerados «la segunda casa» de los niños, deben activar protocolos de atención inmediata ante cualquier señal de alerta, y llamó la atención de los padres de familia para que estén atentos a cambios drásticos en el comportamiento de sus hijos como el aislamiento, la tristeza persistente, las autolesiones o expresiones de desesperanza.
«Son muchos los factores que aumentan la probabilidad de que se presente una conducta suicida. Entre estos factores de riesgo están todos los problemas de salud mental relacionados con la depresión, la ansiedad, las experiencias de violencia, los abusos… el acoso escolar, los conflictos familiares, el aislamiento social y sobre todo, la ausencia de redes de apoyo.»
Luz Mila Palacios, Psicóloga
En el plano institucional, el concejal Julián Sastoque puso el foco en la insuficiencia de orientadores escolares, una barrera que, según él, no es reconocida plenamente por la Secretaría de Educación. «Hoy tenemos 1 por cada 350 estudiantes, una tasa superior al promedio nacional, pero francamente es insuficiente y es difícil para estas personas prestar una atención y hacer un seguimiento exhaustivo por el volumen de trabajo», explicó Sastoque, quien considera que esta deficiencia dificulta la atención oportuna de los menores en riesgo. La urgencia de la situación quedó ejemplificada en la localidad de Bosa, que reportó en 2025 cinco suicidios consumados de menores, una cifra considerada inédita para esa zona y que supera incluso los registros de otras localidades más pobladas, encendiendo todas las alarmas sobre la necesidad de una respuesta inmediata y coordinada entre el Estado, las familias y los entornos educativos.










