En una contundente denuncia presentada en septiembre de 2026, la concejal de Bogotá Cristina Calderón Restrepo, del partido Nuevo Liberalismo, alertó sobre una caída de entre el 40% y el 50% en las ventas mayoristas del tradicional sector de San Victorino, uno de los centros de comercio más importantes de la capital. La situación pone en riesgo 23.800 empleos directos e indirectos y afecta a aproximadamente 25.000 empresarios que dependen de la actividad comercial de esta zona, que cuenta con 54 centros comerciales y 17 manzanas, por donde transitan unos 90.000 visitantes al día.
La denuncia se conoce en un momento coyuntural, cuando se acercan los cuatro meses que concentran buena parte de las ventas del sector: octubre, Black Friday, Cyberlunes y diciembre, incluidas las compras mayoristas que tradicionalmente dinamizan la economía local. Sin embargo, la reducción de pedidos ya se siente en toda la cadena comercial, pues afecta a confeccionistas, talleres familiares, empresas satélite y pequeños proveedores que dependen de los encargos que se originan en San Victorino hacia distintas regiones del país. En palabras de la propia concejal, “San Victorino está en jaque. Miles de familias que viven de una cadena económica hoy está siendo golpeada por todos los frentes: plataformas asiáticas, vendedores informales y cargas del comercio formal”.
Plataformas asiáticas, informalidad y altas cargas
Los comerciantes atribuyen la crisis a la competencia desleal de plataformas asiáticas como Shein y Temu, cuyo crecimiento ha reducido la demanda de los distribuidores nacionales. El comercio electrónico creció un 19,9% en el último periodo, hasta superar los 684 millones de operaciones, mientras que el denominado paqueteo permite que cerca de 600 toneladas de productos ingresen a diario al país, sin enfrentar las mismas condiciones del comercio local. A ello se suman los costos del comercio formal: renta, IVA, aranceles y nómina legal representan cerca del 35% de cargas adicionales para los empresarios del sector.
“El bajón en las ventas por las plataformas asiáticas y la competencia desleal nos está matando”
Leidy Betancourt, gerente de Aso San Victorino
El drama se refleja en testimonios como el de Angélica Daza, comerciante del sector químico, quien afirmó que “las plataformas han afectado el cien por ciento del comercio y las ventas informales se han convertido en un caos”. Su empresa pasó de quince a once trabajadores. Iván Lozano, comerciante de ropa, relató que “tenía tres locales de venta de ropa, ahora solo tengo uno. Hace cuatro años todo empezó a bajar y las ventas no fueron sostenibles”. Por su parte, Juan Carlos Mariño, administrador del Centro Comercial Punto Once, aseguró que las ventas han disminuido cerca de un 40% y que la economía formal se está viendo muy golpeada.
La disputa por el espacio público
La crisis se agrava por la ocupación del espacio público. Comerciantes del sector denunciaron cobros irregulares en zonas peatonales que alcanzan hasta dos millones de pesos mensuales por pequeños segmentos de andén, mientras que en otros puntos de la ciudad se reportan sumas que van desde cuarenta mil hasta cinco millones de pesos. Calderón fue enfática al respecto: “ninguna organización puede apropiarse de zonas que pertenecen a todos los bogotanos y convertirlas en un negocio privado”.
En lo corrido de 2026, las autoridades han realizado 29 operativos en el área señalada, con la incautación de 14 toneladas de estructuras y mercancía, y la recuperación de 2.500 metros cuadrados de espacio público. Sin embargo, para la concejal la solución requiere una visión más amplia, pues “no podemos exigirle al comerciante colombiano que compita con todas las cargas tributarias y laborales mientras enfrenta mercancía que entra al país bajo condiciones diferentes. Si queremos defender el empleo nacional, necesitamos reglas de juego equilibradas”.
A pesar del complejo panorama, el sector espera que la temporada de fin de año traiga alivio. “Esperamos tener una temporada de fin de año mucho mejor, para cuadrar caja de todos los comerciantes del sector”, concluyó Mariño. Mientras tanto, los comerciantes de San Victorino siguen luchando por mantener a flote un motor comercial que históricamente ha sido símbolo del emprendimiento y el trabajo en Bogotá, pero que hoy enfrenta una tormenta perfecta en la que deben competir contra gigantes digitales, la informalidad y un Estado que aún no les garantiza reglas equitativas.










