La noche del jueves 29 de octubre de 2024, el Ministerio de Relaciones Exteriores ordenó el retiro definitivo de la biblioteca Marco Fidel Suárez de la antigua capilla del Palacio de San Carlos, en el centro de Bogotá, con el propósito de devolver ese espacio a la celebración de misas. La decisión, según fuentes internas citadas por El Tiempo, fue impartida por la secretaria general de la Cancillería, Gina Paola González Grau, y se ejecutó en medio de una aguda polémica por la ausencia de medidas de conservación del acervo histórico, que reúne más de 21.000 libros.
El traslado comenzó en la noche del jueves y se prolongó hasta la madrugada del viernes 30 de octubre, cuando personal de servicios generales empacó las colecciones en cajas de cartón y las cargó en la bodega de un camión, a la intemperie y bajo lluvia, sin que se observara un manejo técnico del archivo. El destino final permanece incierto: se menciona un posible inmueble contiguo de la Academia Diplomática, aunque esa edificación, según evaluaciones previas, presenta humedad y falta de iluminación. La biblioteca había cerrado temporalmente cinco semanas antes, desde el 21 de septiembre, para labores de inventario, valoración y organización, con la promesa de atención mediante reserva previa, pero el apresurado trasteo de la madrugada despertó sospechas sobre una clausura definitiva.
La biblioteca Marco Fidel Suárez estaba administrada por la Academia Diplomática y funcionaba como un espacio de investigación especializado en relaciones internacionales, diplomacia y política exterior. Su colección incluye obras de derecho, filosofía, historia, política internacional, tratados limítrofes, conferencias panamericanas y memorias de relaciones exteriores, con piezas únicas sobre la construcción del Estado colombiano. Durante el gobierno de Iván Duque, cuando Marta Lucía Ramírez ocupaba la cancillería, la biblioteca se mantuvo en la capilla y se adquirieron anaqueles móviles para compatibilizar los usos culturales, académicos e institucionales del lugar. Entre el 24 de julio y el 28 de agosto pasados, además, se realizó allí la exposición bibliográfica «Simón Bolívar: Liderazgo y Diplomacia».
Críticas por el manejo del archivo histórico
La forma del traslado generó un inmediato rechazo en sectores académicos y diplomáticos. La exembajadora Arlene Tickner cuestionó la falta de rigurosidad en el procedimiento a través de sus redes sociales, al preguntarse si se trataba de un cierre temporal o de una clausura definitiva y al señalar que en el trasteo no se observaba manejo técnico alguno del archivo histórico de la política exterior colombiana.
«¿Cierre temporal o clausura definitiva de la biblioteca de Cancillería? No se observa en el trasteo de cajas de cartón bajo la lluvia manejo técnico alguno del archivo histórico de nuestra política exterior»
Arlene Tickner, exembajadora
El exministro de Justicia Jorge Iván Cuervo compartió el video del traslado en la red social X y lo envió al perfil de la Unesco, al tiempo que relacionó el hecho con una ‘guerra cultural’ que, a su juicio, promueve el gobierno del canciller Abelardo de la Espriella. La polémica se inscribe, además, en un contexto de críticas previas a la administración por decisiones en materia cultural, como las ocurridas con piezas del Museo Nacional.
La Cancillería no ha explicado oficialmente el destino final de la colección, y la nueva sede de la Academia Diplomática no contaría con espacios disponibles para recibirla. Mientras tanto, la incertidumbre persiste entre investigadores y diplomáticos, que reclaman información y medidas de conservación para un patrimonio documental considerado fundamental para la memoria de las relaciones exteriores del país.










