La caries dental, una de las enfermedades más prevalentes a nivel global, representa una amenaza silenciosa que, si no recibe atención oportuna, puede desencadenar consecuencias irreversibles. Según la especialista en rehabilitación oral Oriana García, el proceso de deterioro iniciado por una lesión cariosa puede extenderse durante meses o incluso años, avanzando de forma lenta pero progresiva hasta comprometer gravemente la estructura del diente. Lo que comienza como una mancha blanca producto del ataque ácido de las bacterias, alimentadas por azúcares y almidones, puede evolucionar hacia una cavidad permanente que, en última instancia, obliga a procedimientos invasivos como la endodoncia o la extracción definitiva.
La magnitud del problema es alarmante a escala mundial. Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que aproximadamente 3.500 millones de personas padecen enfermedades bucodentales, siendo la caries no tratada en dientes permanentes la afección más común. Esta patología multifactorial, condicionada por la higiene oral, la dieta, el flujo salival y la susceptibilidad individual, se ve agravada por el alto consumo de azúcares libres, un factor que la OMS ha identificado como uno de los principales desencadenantes, especialmente entre niños y adolescentes.
Un enemigo que avanza en silencio
Uno de los aspectos más preocupantes que destaca la especialista es que el dolor no siempre se manifiesta en las etapas tempranas de la caries. Esta ausencia de síntomas retrasa la consulta odontológica, permitiendo que la infección avance sin obstáculos. A medida que progresa, la bacteria va atacando la dentina, reduciendo la resistencia del diente y elevando el riesgo de fractura. Si la lesión alcanza la pulpa dental, el cuadro clínico se vuelve crítico: aparece dolor intenso, pulpitis, necrosis pulpar y abscesos. En esta fase avanzada, ya no hay marcha atrás y las opciones terapéuticas se reducen drásticamente a procedimientos de alta complejidad.
García explica que «el tiempo en que una caries pequeña puede progresar a una lesión profunda varía» según cada paciente, pero insiste en que la prevención es la herramienta más poderosa. «La higiene oral adecuada puede marcar una diferencia sustancial. Cepillarse al menos dos veces al día con crema dental fluorada, usar hilo dental y acudir regularmente al odontólogo son hábitos clave», afirmó la especialista. Sin embargo, la falta de información y las barreras de acceso a los servicios de salud siguen siendo obstáculos que perpetúan el problema en amplias capas de la población.
«La higiene oral adecuada puede marcar una diferencia sustancial. Cepillarse al menos dos veces al día con crema dental fluorada, usar hilo dental y acudir regularmente al odontólogo son hábitos clave»
Oriana García, Especialista en rehabilitación oral
El impacto de la falta de prevención no solo es clínico, sino también económico y social. Un estudio basado en el Índice de Inclusión en Salud, desarrollado por The Economist Impact y Haleon, reveló que Colombia podría ahorrar hasta 3.800 millones de dólares si refuerza sus estrategias de prevención en salud oral. En contraste, la ausencia de un esquema de cuidado continuo puede elevar los costos médicos hasta en un 50%, evidenciando que la inversión en prevención no solo salva dientes, sino que también alivia la presión sobre los sistemas de salud y las economías familiares. Ante este panorama, los especialistas trabajan en el desarrollo de nuevas herramientas clínicas, como la impresión 3D para restauraciones de alta resistencia, con el objetivo de preservar los dientes cuando la prevención no llegó a tiempo.












