En una entrevista exclusiva con el pódcast “Más allá del silencio”, conducido por el periodista Rafa Poveda, el exnarcotraficante colombo-alemán Carlos Lehder, cofundador del cartel de Medellín, confesó que su vida “loca” provocó la pérdida de todas sus propiedades a manos del Estado colombiano, excepto la emblemática estatua de John Lennon, que fue protegida por su hermano. Lehder, quien cumplió más de 30 años de prisión en Estados Unidos hasta 2020, residió cinco años en Alemania y regresó a Colombia a comienzos de 2025, ofreció detalles sobre su presente y su pasado en una conversación grabada en el Quindío.
Lehder afirmó que muchas de las tierras que adquirió en su época de mayor poder ahora pertenecen al Estado colombiano, pero aceptó los dictámenes del Gobierno. “Indudablemente, la ley he aprendido y creo que la grandeza del hombre es no solamente reconocer sus errores, sino enmendarlos. Entonces, yo acepto todos los dictámenes que ha escrito y ordenado el Gobierno referente a aquellas propiedades”, declaró. El excapo señaló que cuando él operaba no existían la Fiscalía ni las agencias que confiscan bienes de origen ilícito, pero reconoció que retó a las leyes y a la DEA, la agencia antidroga más poderosa del mundo. “Yo violé sus leyes, yo introduje sustancias y ellos me arrestaron y me pusieron en confinamiento solitario”, recordó.
Una Posada Alemana en ruinas y un patrimonio perdido
Uno de los símbolos más impactantes de su caída es la Posada Alemana, un lujoso complejo turístico de estilo alpino que construyó a finales de los años setenta en el Quindío, con una inversión cercana a los cuatro millones de dólares de la época. El excapo relató con dolor que el hotel fue vandalizado, saqueado y destruido por completo durante su ausencia. “El impacto emocional para mí fue doloroso ver que algo a lo que le dediqué tanto tiempo y gusto fuera a caer así. El hotel estaba totalmente destruido, vandalizado, saqueado y no quedaba absolutamente nada útil”. Actualmente, el predio está bajo custodia de la Gobernación del Quindío, que planea rehabilitarlo con un centro comercial y un teleférico.
Lehder acepta la pérdida de todas sus propiedades como parte de las consecuencias de sus actos. Sin embargo, un tesoro se salvó: la estatua de John Lennon, obra del escultor Rodrigo Arenas Betancourt. La pieza, que durante años adornó el hotel, fue protegida por el hermano de Lehder cuando supo que delincuentes pretendían robarla para fundir el metal. “Él optó por conseguir una familia cerca de Manizales que tenía una finquita y logró removerla, salvarla y preservarla en esa finquita por muchísimos años”. Hoy, Lehder la considera invaluable y afirma que no está a la venta: “La estatua es colombiana”.
El presente de un capo arrepentido
Su principal fuente de ingresos en la actualidad es la venta de su libro autobiográfico “Vida y muerte del cartel de Medellín”. “Yo vivo de vender libros. Escribí un libro, ‘Vida y muerte del cartel de Medellín’. Yo vivo de la venta de mi libro, de vender libros, de promover cultura. Y el libro de por sí enseña a las nuevas generaciones que en el asunto de la exportación de cocaína y narcóticos, ahí no hay vida fácil, ahí no hay vida dichosa”, explicó. Lehder reconoce su obstinación y rebeldía, pero asegura que esa etapa quedó atrás. Durante su reclusión en la Prisión Federal de Marion, en Illinois, sufrió un confinamiento solitario que calificó como un suplicio constante, donde buscó mecanismos para aislar los recuerdos de su país y su familia para evitar la angustia.
“Yo reté muchas leyes, reté a la agencia más poderosa antidroga del mundo, la DEA, por muchos años en aguas internacionales, en el espacio aéreo internacional, en aguas norteamericanas. Yo violé sus leyes, yo introduje sustancias y ellos me arrestaron y me pusieron en confinamiento solitario”
Carlos Lehder, exnarcotraficante colombo-alemán
La entrevista, realizada en el Quindío, marca el regreso de Lehder a Colombia después de más de tres décadas de prisión y un breve paso por Alemania. Con 75 años, el excapo asegura haber aprendido la lección y ahora promueve su libro como una advertencia para las nuevas generaciones. Mientras tanto, la estatua de John Lennon sigue en manos de una familia manizaleña, a la espera de un destino que, según su dueño, debe ser colombiano.












