Casi el 13% del área urbana de Bogotá está en amenaza alta por fenómenos naturales

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Un reciente análisis del programa ‘Bogotá cómo vamos’, basado en datos oficiales del Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger) y del componente de riesgo del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), reveló que casi el 13% del área urbana de la capital colombiana presenta una amenaza alta por al menos un fenómeno natural. El informe fue publicado tras los dos sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron la región el pasado 24 de junio de 2026, y que reactivaron la preocupación por la preparación de la ciudad ante catástrofes de gran magnitud. El estudio examinó el territorio urbano, que abarca 41.381,7 hectáreas, usando cartografía y estadísticas de desastres ocurridos entre 2021 y 2025.

De acuerdo con el análisis, las tres principales amenazas identificadas son los terremotos, los deslizamientos y las inundaciones. Mientras que los sismos representan un riesgo generalizado, los movimientos en masa se concentran especialmente en localidades del sur y suroriente como Usme, Ciudad Bolívar y San Cristóbal. Por otro lado, las inundaciones afectan con mayor frecuencia a zonas del noroccidente y suroccidente, particularmente en Suba, Bosa y Kennedy. El informe subraya que, aunque el riesgo está plenamente documentado, su distribución no es uniforme, lo que exige intervenciones focalizadas según el tipo de amenaza y las características de cada territorio.

Un llamado a la preparación

El documento, publicado bajo la pregunta clave de si Bogotá está lista para enfrentar un evento de gran magnitud como un terremoto, no detalla medidas concretas de preparación ni planes de respuesta específicos. Sin embargo, al poner sobre la mesa la identificación precisa de las zonas más vulnerables, busca impulsar acciones diferenciadas que mitiguen el impacto de futuros desastres. La capital ya ha sufrido eventos significativos en los últimos años —como las inundaciones registradas entre 2021 y 2025—, pero los recientes sismos de junio de 2026 han elevado la urgencia de contar con estrategias de resiliencia adaptadas a cada rincón de la ciudad.

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