La champeta colombiana, género musical declarado patrimonio cultural del país, guarda una conexión directa con la República Democrática del Congo, nación que precisamente es el segundo rival de la selección Colombia en el Mundial de 2026, lo que ha puesto al país africano en el centro de las conversaciones de los colombianos. Este vínculo musical se remonta a la década de 1970, cuando ritmos africanos como el soukous y el ndombolo llegaron a Cartagena de Indias a través de discos traídos por marineros y comerciantes internacionales, encontrando en los barrios populares de la ciudad costera un caldo de cultivo perfecto para una fusión que daría origen a un sonido único.
En los barrios marginales de Cartagena, aquellos discos africanos comenzaron a reproducirse en los llamados picós, potentes y coloridos sistemas de sonido que se convirtieron en el alma de las fiestas populares al aire libre. Fue así como el soukous y el ndombolo congoleños se mezclaron con ritmos caribeños como el reggae y la soca, además de elementos del folclor colombiano, dando lugar a lo que inicialmente se conoció como “terapia africana” por la energía y la conexión con el continente madre que transmitían tanto las canciones como los bailes. El nombre definitivo de champeta surgió de la cultura barrial: hace referencia a un cuchillo típico de la región, símbolo de las comunidades marginales que encontraron en esta música su propia expresión identitaria.
Los pioneros que consolidaron el género
Dos figuras resultan fundamentales en la consolidación de la champeta como género musical autóctono: Viviano Torres y Luis Towers. Estos artistas pioneros tomaron las pistas africanas que llegaban a los puertos caribeños y las adaptaron con letras en español, dándole una identidad propia que pronto resonó en toda la costa colombiana. De este modo, la champeta se convirtió en el sonido característico de las fiestas populares, una manifestación cultural que surgió como expresión de las comunidades afrodescendientes en contextos de marginalidad y que hoy es reconocida oficialmente como patrimonio cultural del país. La coincidencia del Mundial de 2026, que enfrentará a Colombia con la República Democrática del Congo, no hace más que recordar las profundas raíces musicales que unen a ambas naciones a través de este vibrante género.












