Cinco voluntarios de misión humanitaria mueren en accidente aéreo en Tatamá, Chocó

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Cinco integrantes de una misión humanitaria de la Patrulla Aérea Civil Colombiana perdieron la vida al estrellarse la avioneta en la que regresaban contra un cerro en el Parque Nacional Natural Tatamá, en el departamento del Chocó. La aeronave desapareció el domingo 13 de septiembre de 2026 y fue localizada tres días después por la Fuerza Aeroespacial Colombiana. En el siniestro fallecieron el piloto Mehmet Cankaya, las enfermeras jefe Perla Constanza Álvarez y Sandy García, la pediatra María Victoria Guzmán y la radióloga Julissa Figueredo. La brigada médica había atendido a aproximadamente 600 personas en el municipio de Condoto, en el Pacífico colombiano, como parte de una jornada solidaria para asistir a la población afectada por el terremoto del 10 de agosto de ese mismo año.

Mehmet Cankaya, originario de Turquía y radicado en Colombia desde hacía once años, era copropietario de la agencia de viajes Mega Travel y piloto graduado en el Aeroclub de Colombia. También era capitán de barco y motociclista, y estaba a punto de obtener la nacionalidad colombiana: la prueba de nacionalización estaba programada para noviembre de 2026. Cankaya realizó siete vuelos voluntarios tras los sismos del Eje Cafetero, en los que transportó ayuda humanitaria. Su esposa, Adriana Revelo, lo describió como «un padre amoroso, un hombre visionario, líder y muy querido por la gente por su carisma: noble, amable, sonriente y siempre con disposición de ayuda». Revelo recordó que su esposo solía decir a sus hijas: «Sean felices. Disfruten su día y pásenla bien». También destacó su espíritu aventurero: «Era un hombre que podía comer el plato típico de la calle de cualquier pueblito porque era su disfrute».

La dolorosa despedida de una brigada humanitaria

La misión había interrumpido su descanso para atender a los damnificados por el terremoto en Chocó, una región con acceso limitado a servicios médicos. Antes de abordar el vuelo de regreso, la enfermera Sandy García envió un mensaje a su hermana Julieth González: «En camino». Fue la última comunicación. Las cuatro mujeres que integraban la brigada —Perla Constanza Álvarez, egresada de Enfermería de la Universidad Nacional; María Victoria Guzmán, pediatra egresada de la Universidad del Rosario con 20 años de experiencia; Julissa Figueredo, radióloga y docente en la Universidad de Los Andes y la Universidad Militar Nueva Granada; y Sandy García— habían participado en otras jornadas de la Patrulla Aérea Civil Colombiana. Tres de ellas trabajaban en Colmédica. Adriana Revelo relató que tras la muerte de su esposo recibió mensajes de colegas que le decían: «Le debo mucho» o «Le debo parte de lo que soy». «Como esposa le diría que hasta el cielo lo amo», expresó, y agregó: «Me quedo con nuestros atardeceres, nuestros viajes, nuestros domingos en pijama y con ese legado tan especial en nuestras hijas».

«La bendición de estar en Bogotá y a una hora de repente, si vuelo, estoy en la costa Caribe más hermosa, y de repente agarras otro trayecto y te vas a la selva»

— Mehmet Cankaya, piloto, según relato de su esposa Adriana Revelo

La Patrulla Aérea Civil Colombiana realiza vuelos humanitarios para llevar atención médica a comunidades rurales de difícil acceso. El accidente ha causado conmoción en el país, y diversas agencias de viajes, colegas de aviación y trabajadores de la compañía del piloto han enviado mensajes de pésame. La tragedia deja un vacío en el voluntariado aéreo colombiano y en las comunidades que dependen de estas brigadas para acceder a servicios de salud. La pérdida de estas cinco vidas, unidas por la vocación de servicio, resuena como un recordatorio del riesgo que asumen quienes llevan esperanza a los lugares más apartados.

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