Colombia: accidentes aéreos fatales desde Barranquilla 1924 hasta Paipa, Boyacá, 2026

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Colombia ha sido testigo de una serie de catástrofes aéreas trágicas desde el 8 de junio de 1924, cuando un Junkers F-13 Tolima de Aerolíneas Scadata, pilotado por figuras como Ernesto Cortissoz y Helmuth von Krohn, se estrelló en la calle 40 con carrera 43 de Barranquilla durante un vuelo de exhibición, dejando seis fallecidos tras colisionar con un árbol o cables. Estas tragedias, que suman cientos de víctimas a lo largo de un siglo, han involucrado a aerolíneas como Avianca, SAM, American Airlines, Air France operado por TAME, West Caribbean Airways, Aires, LaMia y Avianline Charters, así como a pilotos destacados como Carlos Gardel y Yeison Jiménez, y tripulaciones como la de la FAC o el equipo de Chapecoense, provocadas por errores de navegación, sabotajes, fallas mecánicas, errores humanos y condiciones adversas en lugares como Medellín, Soacha, el Páramo de Frontino en Antioquia, el cerro El Diluvio en Buga, los cerros orientales de Bogotá, Machiques en Venezuela, San Andrés, el Cerro El Gordo en Antioquia, la selva de Caquetá-Guaviare y Paipa en Boyacá.

Entre los episodios más notorios destaca el 24 de junio de 1935, cuando el vuelo de Carlos Gardel colisionó en pista en el Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, causando la muerte de la mayoría de los ocupantes. Tres décadas después, el 27 de noviembre de 1989, el Boeing 727-21 de Avianca vuelo 203 explotó en Soacha por un artefacto C-4 del Cartel de Medellín dirigido al entonces candidato presidencial César Gaviria, quien no abordó, matando a 107 personas a bordo y tres en tierra. En 1993, el SAM 501 se precipitó en el Páramo de Frontino por un descenso prematuro sin radiofaro, destruido por la guerrilla y ante la falta de radar, con 132 fallecidos. Dos años después, el 20 de diciembre de 1995, el Boeing 757-200 de American Airlines 965 impactó el cerro El Diluvio en Buga debido a un error en el computador de vuelo al seleccionar el punto Rozo en lugar de Bogotá y frenos aerodinámicos no retraídos, dejando 159 muertos y solo cuatro sobrevivientes.

Tragedias del nuevo milenio

El 20 de abril de 1998, el vuelo 422 de Air France, operado por TAME, omitió un viraje a la derecha sin transpondedor activo y se estrelló en los cerros orientales de Bogotá, cobrando 53 vidas. En 2005, el West Caribbean Airways 708 perdió control por fallos en la descongelación activa a altitud sobre Machiques, Venezuela, con 160 fallecidos de una tripulación y aerolínea colombiana. El 16 de agosto de 2010, el Aires 8250 sufrió una ilusión óptica en tormenta nocturna y tocó tierra 80 metros antes de la pista en San Andrés, resultando en dos muertos y 129 sobrevivientes. La tragedia del LaMia 2933 el 28 de noviembre de 2016, que transportaba al equipo Chapecoense, culminó en el Cerro El Gordo de Antioquia por agotamiento de combustible al despegar sin reservas mínimas, con 71 fallecidos y seis sobrevivientes. Más recientemente, el 1 de mayo de 2023, un Cessna 206 de Avianline Charters en la selva Caquetá-Guaviare falló catastróficamente por mantenimiento deficiente del motor, matando a tres adultos mientras cuatro niños sobrevivieron más de un mes. Finalmente, el 10 de enero de 2026, el Piper Navajo de Yeison Jiménez, matrícula N325FA, se accidentó en Paipa, Boyacá, por falla en el sistema de hélice con advertencia BAT PRB, dejando todos a bordo fallecidos en un impacto por el costado izquierdo.

Causas recurrentes y fragilidades estructurales

Estas catástrofes revelan patrones persistentes: errores humanos como omisiones en virajes o selecciones erróneas en sistemas; sabotajes por el Cartel de Medellín o guerrilla; fallas técnicas en motores, hélices o descongelación; deficiencias organizacionales en procedimientos y mantenimiento; y condiciones adversas como tormentas o ilusiones ópticas. A pesar de informes de la Aerocivil, NTSB, FBI y DAS, así como datos de la Aviation Safety Network y la Biblioteca Digital de Bogotá, las fragilidades en la seguridad aérea colombiana han perdurado por décadas, exponiendo la necesidad urgente de mejoras en radares, mantenimiento y protocolos para prevenir futuras pérdidas humanas.

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