Colombia se prepara para un nuevo hito laboral: a partir del 15 de julio de 2026, la jornada laboral máxima legal se reducirá a 42 horas semanales, lo que beneficiará directamente a cerca de 10,8 millones de trabajadores formales, según datos del Dane. Esta reducción, que forma parte del cumplimiento de la Ley 2101 de 2021, no implica una disminución salarial para los empleados. Además, el calendario de 2026 incluirá un festivo adicional, el 9 de julio, que por aplicación de la Ley Emiliani se trasladará al lunes 13 de julio, completando así 19 días festivos en el año y sumando 152 horas de descanso oficial, lo que equivaldría a 34 días totales de descanso entre festivos y vacaciones.
La medida es la culminación de un proceso gradual que comenzó el 5 de julio de 2023, cuando la jornada máxima pasó de 48 a 47 horas semanales. El nuevo festivo fue establecido por la Ley 2578 de 2026, que conmemora a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, y posiciona a Colombia como el país con más festivos dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y con una de las jornadas legales más bajas de América Latina, similar a la de Chile, que prevé llegar a 40 horas en 2028.
Los desafíos de productividad y competitividad
Sin embargo, la reducción de la jornada laboral no está exenta de retos. Según cifras de la OCDE, la productividad laboral en Colombia es de apenas 21 dólares por hora trabajada, muy por debajo del promedio de 71 dólares del bloque. Esto genera preocupación sobre la competitividad de las empresas, especialmente aquellas de sectores intensivos en mano de obra y de operación continua, como manufactura, comercio, logística y salud. La directora del Observatorio Laboral de la Universidad Javeriana, Juliana Morad Acero, señaló que «estas medidas golpean más a sectores intensivos en mano de obra y de operación continua. La pérdida combina la producción no realizada en las empresas que cierran y el sobrecosto por recargos en las que operan». Además, el recargo dominical y festivo, que actualmente es del 80 %, subirá al 90 % desde julio de 2026, incrementando los costos operativos para las compañías que requieran trabajo en esos días.
«Llega en un momento de presión acumulada sobre el tiempo de trabajo. La jornada máxima legal baja a 42 horas semanales en su última fase, y al mismo tiempo el recargo dominical y festivo sube a 90% desde julio»
Juliana Morad Acero, directora del Observatorio Laboral de la Universidad Javeriana
Por otro lado, los trabajadores verán un incremento en sus días de descanso y en las compensaciones por laborar en domingos o festivos. Camilo Cuervo, socio de Holland & Knight, explicó que «si el festivo es habitual, sumado con otros días de trabajo en el mismo mes en domingos o festivos, se paga un día de descanso, es decir, se le da un día de descanso compensatorio más un recargo. En este momento está en 80%, pero para el momento en que entre a regir la norma va a estar en 90%». Con 19 festivos y 15 días de vacaciones legales, el tiempo efectivo de trabajo equivale a poco más de diez meses de actividad al año, estimándose que las horas realmente trabajadas serán de 2.084 horas anuales, frente a las 2.298 horas promedio registradas por la OIT en 2024.
«Si el festivo es habitual, sumado con otros días de trabajo en el mismo mes en domingos o festivos, se paga un día de descanso, es decir, se le da un día de descanso compensatorio más un recargo. En este momento está en 80%, pero para el momento en que entre a regir la norma va a estar en 90%»
Camilo Cuervo, socio de Holland & Knight
El panorama plantea un escenario complejo para las empresas, que deberán ajustar turnos y horarios para cumplir con la nueva normativa sin comprometer su productividad. La combinación de menos horas legales, más festivos y mayores recargos podría desincentivar la inversión extranjera en sectores donde la mano de obra es un factor crítico. No obstante, el gobierno ha insistido en que el objetivo prioritario es mejorar la calidad de vida de los trabajadores colombianos, en un contexto donde el promedio de horas anuales trabajadas sigue siendo superior al de muchos países de la región. El desafío ahora es lograr que esta reducción horaria no se traduzca en una menor competitividad, sino en un impulso para la eficiencia y la innovación empresarial.












