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Colombia, de la fiesta al suplicio

La ley del gol

Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO

La selección Colombia como ritual cotidiano. Pegajosa, adictiva. Un equipo de jugadores comprometidos, intensos, disciplinados, amigos del balón y del buen juego. Generosos en el esfuerzo. Siempre con los pies sobre la tierra. Nunca, en el mundial inferior a sus rivales.

Con obreros y artistas. Lerma, Jon Arias, Camilo, Puerta, Davinson y Muñoz. Algo de Mojica, destellos de Quintero y de Lucho. Muy poco de James. Discreto e injusto epilogo para una carrera extraordinaria.

Colombia fue un equipo con derroche físico, con solidaridad y convicciones, hasta el último suspiro cuando el gol fue su karma.

Lorenzo el técnico inferior al desafío. Administró egos y camerino. Pero nunca logro darle solidez ofensiva a su equipo. Se le escapó entre las manos una generación privilegiada.

Su subtítulo en la copa américa y un largo invicto, logros celebrados por los conformistas.

Salida con baño de realidad. La historia mil veces contada. Siempre la caída en el umbral del éxito, por la falta de grandeza, de liderazgo, de convencimiento.

El mundial no fue para Colombia una travesía imposible entre tiburones. Al contrario, fueron alegría los triunfos. Pero en el ultimo paso, la incapacidad domino la grandeza.

La eliminación es alimento para la maledicencia. Por el deseo de ver rodar cabezas. Las que sea, menos las de los dirigentes, arropados por el periodismo que ve el mal en otras partes.

Entonces quedan una o mil preguntas… ¿Por qué se quemó la casa?, ¿por qué se nos robaron la cartera? ¿Por qué se escapó la tortuga? Si todo era tan lindo.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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