Colombia y Sudáfrica comparten el triste primer lugar en el ranking mundial de desigualdad de ingresos, según el análisis más reciente de Our World in Data y el Banco Mundial, que ubica a ambas naciones con un coeficiente de Gini de 0,54, el más alto entre 74 países evaluados en 2025. Este valor, que ya había sido registrado por Colombia en 2024, coloca a estas dos economías como las más inequitativas del planeta, una posición que según los expertos responde a estructuras socioeconómicas heredadas, alta concentración de la tierra, instituciones excluyentes y una fuerte dependencia de productos primarios. El profesor de economía de la Universidad Javeriana, Remi Stellian, y el politólogo y docente universitario, Alejandro Espitia, analizan las cifras y advierten que la desigualdad es un fenómeno que se mantiene enquistado a pesar del crecimiento económico.
La medición del coeficiente de Gini, que va de cero a uno —donde uno representa la máxima desigualdad—, permite comparar la distribución del ingreso entre países. En el extremo opuesto se encuentran Eslovaquia, con un índice de 0,24, y Eslovenia, con 0,25, mientras que India aparece como el tercer país con menor desigualdad, también con 0,25. En la parte alta del ranking, después de Colombia y Sudáfrica, se ubican Zambia con 0,51; Brasil, Panamá y Mozambique con 0,50 cada uno; Ecuador y Honduras con 0,46; y Costa Rica, Guatemala y la República Democrática del Congo con 0,45. Bulgaria es el primer país europeo en la lista, en el puesto 25, con un Gini de 0,39. Estados Unidos aparece en el puesto 18 con 0,42, mientras que Rusia y China registran 0,36 cada uno. “El coeficiente de Gini tiene la ventaja de facilitar las comparaciones internacionales en materia de desigualdad”, explicó Remi Stellian, aunque advirtió que “sin embargo, la desigualdad es un fenómeno multidimensional. La distribución del ingreso permite capturarla, aunque de manera parcial. La desigualdad también surge en materia de acceso a la salud y la educación”.
“La desigualdad puede alcanzar niveles muy altos durante décadas”
Remi Stellian, profesor de economía de la Universidad Javeriana
Colombia: cuando el crecimiento no alcanza para cerrar la brecha
Alejandro Espitia señaló que “puede existir un país muy pobre pero muy igualitario, y un país sin pobreza pero muy desigual”. En el caso colombiano, el crecimiento económico ha sido un motor para reducir la pobreza —“cuando Colombia crece, la pobreza baja”, afirmó—, pero esa dinámica ha perdido ritmo frente a la de hace 15 años. La economía colombiana completa cuatro años por debajo de su promedio histórico de expansión, y aunque el crecimiento ha aliviado la pobreza, no ha logrado avances significativos en la disminución de la desigualdad. Según Espitia, cerca de dos tercios de la reducción de la pobreza en Colombia se explican por el crecimiento económico, pero ese mismo crecimiento no ha sido suficiente para redistribuir el ingreso de manera equitativa.
Stellian profundiza en las causas históricas que explican por qué América Latina y África son las regiones con mayores brechas distributivas, mientras que Europa presenta los índices más bajos. “Las economías latinoamericanas y africanas quedan atrapadas en una especie de trampa del subdesarrollo que actúa en contra de la reducción de la desigualdad”, sostuvo el economista, quien atribuye esta situación al legado de la colonización: alta concentración de la tierra, instituciones excluyentes, administraciones públicas débiles, industrialización incompleta y dependencia de productos primarios. A ello se suma que la desigualdad produce un profundo malestar social: aumenta la incertidumbre, el sentimiento de vulnerabilidad e inseguridad, erosiona la confianza en las instituciones y puede derivar en actos violentos y conflictos internos. “Sí existen espacios para actuar y, por lo tanto, para deshacerse de este legado. Sin embargo, esto toma tiempo, cuesta dinero, es riesgoso y puede contradecir los intereses de corto plazo”, advirtió Stellian.
Las claves de una agenda para la equidad
Frente a este panorama, Remi Stellian propone una agenda de política pública que incluya educación, lucha contra la informalidad, reforma agraria e inversiones en infraestructura dirigidas a regiones y poblaciones marginadas. “Esto es todo un reto. No solamente es necesario contar con una capacidad sólida de gasto público, sino también con talento humano que implemente y monitoree los proyectos correspondientes, además de que rinda cuentas”, afirmó. La tarea, coinciden los expertos, es titánica: superar décadas de desigualdad estructural requiere no solo voluntad política, sino también una estrategia sostenida que trascienda los ciclos económicos y los intereses de corto plazo. Mientras tanto, Colombia y Sudáfrica continúan liderando un ranking que ningún país quisiera encabezar.












