Colombia se ubicó como el cuarto país del mundo con la Big Mac más cara en dólares, según la última edición del Índice Big Mac publicada por The Economist en julio de 2026, con datos recogidos al cierre del viernes 31 de julio. Este indicador, que busca medir la paridad del poder adquisitivo entre distintas monedas, reveló una sobrevaloración del peso colombiano del 28,7% frente al dólar estadounidense. El precio de la famosa hamburguesa en Colombia alcanzó los $25.900, mientras que en Estados Unidos cuesta USD 6,22, equivalentes a unos $19.645,49 según la cotización del cierre del mes. Esto significa que el tipo de cambio teórico derivado del índice debería ser de $4.163,99 por dólar, muy por encima de la tasa de cambio real observada en el mercado.
La fuerte apreciación del peso colombiano en los últimos meses explica este fenómeno, más que un incremento puntual en los precios de McDonald’s. Catalina Tobón, gerente de Estrategias de Skandia, explicó que «lo que está midiendo el Índice Big Mac es que, con la apreciación del peso colombiano, comprar una hamburguesa en dólares para un consumidor global en Colombia se ha hecho más caro». La ejecutiva señaló que Colombia pasó de estar alrededor del décimo lugar en ediciones anteriores a escalar hasta la cuarta posición, reflejando cómo la moneda local se ha encarecido rápidamente frente al dólar. «Si antes una persona venía a Colombia y con sus dólares podía comprar 20 hamburguesas, hoy compra muchas menos porque el peso se ha apreciado muy rápido. Es decir, Colombia se volvió más cara cuando se mide en dólares», agregó Tobón.
Apreciación que golpea la competitividad
El comportamiento del tipo de cambio ha generado un escenario de doble filo para la economía colombiana. Por un lado, la revaluación del peso abarata las importaciones y reduce en moneda local el valor de la deuda externa, lo que representa un alivio para el Gobierno y las finanzas públicas. Sin embargo, el impacto negativo recae sobre el sector exportador, que ve erosionada su competitividad en los mercados internacionales. Sebastián Trujillo, negociador del acceso de Colombia a la Ocde, advirtió que «aunque trae alivios para el Gobierno y para la situación fiscal, la competitividad del sector exportador puede sufrir con esta revaluación». Esta situación se ilustra claramente con el ejemplo planteado por Yovanny Conde, cofundador de Finxard: una Big Mac que antes costaba $22.800 con un dólar a $3.800 equivalía a USD 6; hoy, con el dólar en $3.100, la misma hamburguesa cuesta USD 7,35 para un turista extranjero, encareciendo notablemente la experiencia de consumo en el país.
El ranking global de monedas sobrevaloradas
En el contexto internacional, Colombia comparte las primeras posiciones del ranking de sobrevaloración con países como Suiza, cuya moneda está sobrevalorada en un 45,4%; Uruguay, con un 43,7%; y Noruega, con un 29,5%. Otras economías desarrolladas como Israel, el Reino Unido y la zona euro también aparecen con sus monedas por encima del valor teórico de paridad. En el extremo opuesto, las monedas más subvaloradas del mundo se encuentran en Indonesia, Taiwán, India, Filipinas y Egipto, lo que significa que en esos países la Big Mac resulta particularmente barata para un comprador con dólares.
«Lo que está midiendo el Índice Big Mac es que, con la apreciación del peso colombiano, comprar una hamburguesa en dólares para un consumidor global en Colombia se ha hecho más caro. Antes Colombia estaba alrededor del décimo lugar y hoy aparece en la cuarta posición de carestía. Es un indicador que muestra que el tipo de cambio luce muy caro o sobrevalorado frente al dólar»
Catalina Tobón, gerente de Estrategias de Skandia
El Índice Big Mac, creado por The Economist en 1986 y que este septiembre cumplirá 40 años de existencia, fue concebido originalmente como una herramienta pedagógica para explicar la teoría de la paridad del poder adquisitivo. La publicación compara la hamburguesa con «Le Grand K», el cilindro de platino que durante décadas fue el patrón internacional del kilogramo, dada su naturaleza estandarizada y global. Aunque el indicador ha recibido críticas por basarse en un solo producto y porque más de la mitad de su costo depende de factores no comerciables como la mano de obra y los alquileres, The Economist defiende su utilidad frente a mediciones más complejas como las del Banco Mundial, señalando que es más rápido de calcular, más actualizado y que, de 54 economías comparables, solo siete resultaron baratas en un índice y caras en el otro, lo que demuestra su consistencia como termómetro económico.












