Colombia importó 1,55 millones de sacos de café en los últimos doce meses para abastecer el mercado interno, una cifra que la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) dio a conocer de manera transparente, según afirmó su gerente, Germán Bahamón. Ante esta situación, el gremio propuso que el origen del grano se identifique de forma clara y obligatoria en los empaques, de manera comparable al peso neto, para que los consumidores sepan exactamente qué están comprando.
La decisión de recurrir a las importaciones responde a una menor disponibilidad de café colombiano en el último año, lo que obligó a garantizar el abastecimiento de la industria. El consumo interno anual en Colombia se sitúa entre 2,32 y 2,4 millones de sacos, mientras que las exportaciones acumuladas registraron una reducción del 12% en el mismo periodo. En este contexto, los precios internos mostraron una tendencia descendente, lo que pone en riesgo los ingresos de más de 500.000 familias cafeteras que dependen de esta actividad.
Germán Bahamón explicó que la propuesta de etiquetado busca que el origen del café sea tan visible como el peso neto, una medida que, según él, los consumidores colombianos ya se han ganado el derecho a conocer. «El dato es nuestro. Lo publica la Federación de Cafeteros y no lo escondemos. Buena parte responde a una necesidad real en un año de menor disponibilidad, que obliga a garantizar el abastecimiento de la industria, y eso es legítimo», señaló el gerente, quien además añadió: «Se ganó el derecho a saber qué está tomando».
La propuesta de etiquetado obligatorio
La intención de la FNC es establecer una regla clara para que todos los participantes del mercado incluyan el origen del café en los empaques, de forma que no haya confusiones para el comprador. La medida apunta a proteger el valor del café colombiano, que depende de la cotización en la bolsa de Nueva York, la prima por origen y la tasa de cambio, pero que se enfrenta a costos de producción elevados, como jornales, fertilizantes y recolección. Estos costos determinan un límite económico por debajo del cual el café tostado vendido no puede ser colombiano.
«El dato es nuestro. Lo publica la Federación de Cafeteros y no lo escondemos. Buena parte responde a una necesidad real en un año de menor disponibilidad, que obliga a garantizar el abastecimiento de la industria, y eso es legítimo»
Germán Bahamón, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros
El gremio también cuestiona lo que denomina «arquitectura de precio», una estrategia que busca llevar el valor del producto en góndolas al nivel más bajo posible, sin corresponder con los costos reales de producción en Colombia. La Federación está dispuesta a discutir esta propuesta con la industria, el Congreso, el Gobierno y otros sectores, con el objetivo de aumentar el valor de la categoría en el mercado nacional y fortalecer el conocimiento de los consumidores sobre orígenes y calidades, además de impulsar una mayor industrialización del café colombiano durante un periodo en el que los consumidores enfrentaron los precios más altos del café en décadas.










