Juan Carlos Villa Cardona, conocido como “el terror de Risaralda” o “el Enano”, confesó haber asesinado a diez adultos mayores y un menor de edad en áreas rurales de Santa Rosa de Cabal y veredas como La Paloma, en Risaralda, durante varios años. El hombre, originario de Quimbaya en Quindío y criado por sus abuelos en Marsella, Risaralda, fue condenado a 43 años de prisión en la cárcel de La Dorada tras admitir los crímenes en entrevistas realizadas desde la cárcel al programa Séptimo Día y al podcast Más Allá del Silencio. Su captura se facilitó gracias a información proporcionada por su propia familia, después de que una recompensa de 30 millones de pesos fuera ofrecida por las autoridades, ya que había evadido la justicia pasando desapercibido y por la falta de testigos en esas zonas rurales.
Las víctimas, en su mayoría personas mayores de 80 años que vivían solas en comunidades rurales, fueron atacadas con un arma cortopunzante después de que Villa Cardona ganara su confianza fingiendo ser sordomudo y pidiendo ayuda económica supuestamente para su madre enferma. Entre los casos más impactantes destaca un triple homicidio contra Mélida González, Bernardo Giraldo y Ana Isabel Giraldo, evidenciando una serie de ataques con violencia extrema que aterrorizaron a la región. Según la Fiscalía General de la Nación, el asesino rezaba antes y después de cometer los crímenes, justificando sus actos al decir que las víctimas “merecían morir” debido a un profundo resentimiento por el abandono de sus padres y los maltratos sufridos en su infancia a manos de sus abuelos.
Confesiones que estremecen: “Ver sangre me tranquiliza”
En sus declaraciones, Villa Cardona reveló motivaciones perturbadoras ligadas a su pasado traumático, lo que ha sido analizado por expertos como el psicólogo forense Belisario Valbuena, la neuropsicóloga Jessica Riaño y el subintendente Jairo Martínez, quienes destacan la combinación de trastornos psicológicos y un patrón de comportamiento calculado para explotar la vulnerabilidad de los ancianos en zonas aisladas. Estas confesiones, difundidas en medios como Séptimo Día y Más Allá del Silencio, han reabierto el debate sobre la seguridad en las veredas risaraldenses y la necesidad de mayor vigilancia para proteger a los adultos mayores solos.
“Ver sangre me tranquiliza”
Juan Carlos Villa Cardona, asesino serial
La condena de 43 años representa un cierre parcial para las familias de las víctimas, pero el impacto de estos crímenes sigue resonando en Risaralda, recordándonos la importancia de la denuncia oportuna y el apoyo comunitario en áreas rurales vulnerables, según fuentes consultadas por este medio.

















